COOPERACIÓN
Clubes de barrio y entidades sociales: la microeconomía del tejido asociativo deportivo

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Son poco más de las 9 de la mañana de un domingo de verano y Castro Urdiales despierta lentamente. La localidad cántabra viene disfrutando de un fin de semana de fiestas y pese a que el sol comienza a hacerse fuerte desde lo más alto, todavía la cadencia matutina no es la habitual entre los castreños. Aunque a lo lejos comienzan a verse grupos de personas de todas las edades con camisetas y banderas. Algunos van de amarillo; otros de azul marinero; los hay que van de verde; e incluso hay tonos rosas, marrones y rojos. Una serpiente multicolor que poco a poco tiñe las calles de la localidad mientras se dirige al muelle de Don Luis. Pese a la evidente diferencia cromática, todos ellos tienen un denominador común: el remo de traineras.

Una disciplina que no es solo deporte. Es historia, identidad y pasión. Y es que las traineras, esas embarcaciones alargadas y coloridas que surcan las aguas del Cantábrico y del Atlántico, son mucho más que simples botes. Son herederas de una tradición centenaria que aún hoy navega con fuerza en cada palada. Nacidas de la necesidad, las traineras eran utilizadas antaño por los balleneros para llegar antes que nadie a las lonjas con la captura. La rapidez era supervivencia. El primero que llegaba era el que mejor precio obtenía por el género. Esto fue evolucionando hasta que se gestaron las primeras “regatas” en forma de desafíos entre pueblos. Con el paso del tiempo, esa competencia se convirtió en deporte, pero nunca perdió su espíritu: el esfuerzo colectivo, el orgullo local, el trabajo en equipo, la lucha contra el mar y contra uno mismo.
Hoy en día todo ha evolucionado. La ACT (Asociación de Clubs de Traineras) comienza a navegar en 2002 replicando el modelo de la ACB (Asociación de Clubs de Baloncesto). Una asociación formada por 12 clubs socios que a su vez son los que componen la liga masculina de traineras, la Eusko Label Liga, y que durante 20 jornadas pugnan por el trofeo más preciado: la Corona CaixaBank. Esta competición privada se desarrolla todos los sábados y domingos del mes de julio, agosto y septiembre. En ella se ponen en juego hasta 20 banderas por las que pugnan actualmente traineras gallegas, cántabras y vascas. Y es que en las traineras la tradición marca que el ganador se lleve una bandera en vez de una copa como ocurre en el resto de deportes. Al igual que ocurre en otros disciplinas, hay un sistema de ascensos y descensos de las categorías de plata y bronce en las que están repartidas embarcaciones del País Vasco, Cantabria, Asturias y Galicia.

Otro hito importante llegó en 2009. Un año en el que desembarca la primera liga femenina de traineras, la Liga Euskotren, organizada también por la ACT. Y que en estos más de 15 años, ha multiplicado exponencialmente la práctica del remo de traineras entre las atletas.
"No solo compiten por una bandera, compiten por algo mucho más profundo: la historia de su municipio y de su gente”

“Me gusta que se denomine atletas a las remeras y remeros”, apunta Borja Rodrigo, presidente de la ACT desde 2017, y que es uno de los primeros en llegar a las inmediaciones de la zona de embarque en Castro Urdiales. “Estos atletas, que la gran mayoría no se dedican al remo de manera profesional, tienen una exigencia en lo que preparación se refiere equiparable a cualquier deportista de élite”, explica Rodrigo mientras saluda a uno de los equipos que en cuestión de minutos embarcará en su trainera. En esa preparación sobresalen los seis entrenamientos semanales durante 11 meses al año a los que se someten. Entrenamientos que implican salir a remar al mar con lluvia, frío, calor, viento… ¿Y todo esto para qué? “Yo diría que no solo compiten por una bandera, compiten por algo mucho más profundo: la historia de su municipio y de su gente”, sentencia.

Avanza la mañana y mientras las traineras femeninas ya están todas en el agua, las masculinas apuran en el paddock los últimos retoques. Cada embarcación, formada por 13 remeros y un patrón que es el encargado de marcar el rumbo con el remo largo y dar las indicaciones, tiene un peso total que ronda los 200 kilos. Unas embarcaciones compuestas de fibra al igual que los remos. Un material que arrinconó a la madera a partir de los 2000.

Mientras los remeros apuran el calentamiento en tierra, la organización coloca en las embarcaciones las cámaras on board y los micrófonos que darán una inmersión total al telespectador en la retransmisión en directo que hace tanto ETB como TVG de cada regata. “Hoy en día se combinan imágenes de dron, de cámaras on board, de la cámara de catamarán, de las cámaras de tierra y sonido de la propia trainera. Y hasta las indicaciones que va dando el entrenador por el pinganillo al patrón en tiempo real. Un caramelo para el espectador que cada año vive este deporte con más información y ángulos que el anterior y todo gracias a una producción televisiva trabajada con mimo que comienza a ser imbatible”, explica Rodrigo mientras señala uno de los drones que forman parte de la producción audiovisual.
Las cuatro calles que componen el campo de regatas ya están listas para recibir a las traineras. Sus balizas, fondeadas desde unos días antes a través de topógrafo y que se controlan en tiempo real, marcan los límites del campo y en donde las traineras tendrán que maniobrar con giros de 180º. En el caso de las traineras masculinas tendrán que maniobrar en tres ocasiones, cubriendo en cuatro largos tres millas náuticas. Mientras que las féminas maniobrarán una vez cubriendo dos largos y una milla y media.

Las cerca de 100 personas que componen la organización ya están en sus puestos. Y los semáforos que dan la salida también preparados. “Esto es una novedad que introdujimos hace unos años, hasta entonces la salida iba a través de un banderazo. Ahora lo hacemos de esta manera dado que la igualdad es tal, que al igual que se automatiza la llegada con el vídeo finish, había que hacer lo propio con la salida para afinar al máximo el tiempo real de cada trainera”, apunta Rodrigo.
El semáforo se pone en verde y el muelle se pone a rugir con los miles de aficionados que se han acercado a disfrutar de la Bandera CaixaBank. Porque ver una regata de traineras es una experiencia que sobrecoge. El silencio en el mar se rompe con el grito del patrón, el agua se corta con precisión milimétrica de la proa, y cada remero se funde con el otro en una palada común. No hay individualidades. Y es que la liga no es solo un campeonato. Es un testimonio de lucha, de raíces profundas y de orgullo por lo propio. En cada bandera ondeando en el espigón, en cada aplauso desde la orilla, en cada gesto al llegar a las balizas de llagada, se siente que este deporte es herencia, orgullo y vida.

La relación de CaixaBank con la liga de traineras se remonta a 2013 y tras la reciente renovación con la ACT por cuatro temporada más, llevará a la entidad financiera a remar junto a la máxima competición de remo durante 15 años. Un acuerdo el de las traineras que es uno de los más longevos que CaixaBank tiene en el territorio.
Así, entre otros puntos, este acuerdo permitirá que la estrella de CaixaBank siga luciendo en el maillot de las lideres de la Euskotren Liga hasta 2028. En la Eusko Label Liga, por su parte, dará nombre al galardón del Mejor Patrón CaixaBank. El preciado trofeo de la competición masculina, la Corona CaixaBank, seguirá siendo el objetivo de las 12 tripulaciones. Y además, Castro Urdiales fue testigo un año más de la Bandera CaixaBank, siendo esta la única cita del año en la que la élite de las traineras visita aguas cántabras.
