Tras su vida profesional, muchos mayores de 65 años encuentran en el voluntariado de CaixaBank la forma de compartir experiencia
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Daniel Jiménez ha desarrollado toda su experiencia laboral entre números. Profesional de CaixaBank durante tres décadas, tuvo varios puestos de responsabilidad y, los últimos 24 años, fue director de una oficina de Madrid.
En 2019 se prejubiló, pero su agenda tiene marcadas varias citas ineludibles todas las semanas en las que sigue hablando de números a personas en situación de vulnerabilidad y a jóvenes estudiantes. Todos ellos con nombres y apellidos.
De forma puntual, Daniel había participado durante años en iniciativas solidarias impulsadas por Voluntariado CaixaBank , pero el ritmo de la oficina no le permitía dedicarles todo el tiempo que le hubiese gustado. "Mientras trabajaba, ya colaboraba en alguna actividad, pero era muy difícil compaginarlo con el día a día. Cuando me jubilé pensé que ahora sí podía implicarme de verdad", recuerda.

Y así fue. Ahora, utiliza su experiencia como aval. Por la mañana imparte talleres de educación financiera a migrantes y personas con discapacidad a los que les explica lo más básico para poder gestionar su presupuesto doméstico. Les da claves para organizar sus gastos, fijarse objetivos y tomar decisiones económicas responsables en los diferentes momentos de sus vidas.
Por las tardes, da clases en algunos colegios a jóvenes de 4.º de ESO dentro del programa ‘Finanzas para jóvenes’. Con ejemplos prácticos, les ayuda a gestionar su dinero, a sentar las bases de un endeudamiento responsable o a que empiecen a interiorizar lo que supone la inversión y la planificación financiera personal. Con vocabulario y un enfoque cercano sigue pasando el día entre números.
Actualmente, más de 1.300 voluntarios sénior forman parte de Voluntariado CaixaBank, lo que representa el 6 % del total de los 24.000 voluntarios activos que participan anualmente en actividades en toda España.
Muchos, como Daniel, son antiguos empleados de la entidad; otros como Adolfo Villanueva desarrollaron su carrera en profesiones completamente distintas. Pero todos comparten una misma idea: la experiencia acumulada durante una vida puede seguir generando oportunidades cuando se pone al servicio de los demás.
Cuando Adolfo se jubiló como ingeniero de Caminos, tuvo claro que aquella nueva etapa no significaría dejar de aportar. Poco después descubrió Voluntariado CaixaBank, que está abierto a toda la sociedad, y encontró una forma de transformar décadas de experiencia profesional en algo útil para los demás. "Mi meta es poder devolver a la sociedad lo mucho que he recibido durante toda mi vida", añadía.

Casi diez años después, con 75 años, este voluntario de Cantabria sigue entrando en las aulas de colegios e institutos de la comunidad para hablar con adolescentes sobre ahorro, consumo responsable o endeudamiento. Como él y como Daniel, cientos de personas han convertido la jubilación en el inicio de un nuevo compromiso con la sociedad.
La educación es uno de los ámbitos donde el voluntariado sénior deja una huella más visible. Adolfo y Daniel participan en talleres de educación financiera dirigidos a adolescentes, con un objetivo que va mucho más allá de explicar conceptos económicos.
Adolfo siempre comienza sus sesiones de la misma manera: "Lo primero que les pregunto es qué es el dinero. Todos lo utilizan, pero muy pocos saben responder realmente".
A partir de esa pregunta, las conversaciones giran alrededor del ahorro, el consumo responsable, los préstamos o la inversión. Más que ofrecer respuestas, intenta despertar el espíritu crítico de los alumnos y ayudarles a tomar mejores decisiones en el futuro. "Hay que enseñarles que no hace falta gastar todo lo que se tiene y que ahorrar también forma parte de tomar buenas decisiones", explica.
Hay que enseñar a los adolescentes que ahorrar también forma parte de tomar buenas decisiones
Adolfo Villanueva
Voluntario
Daniel comparte esa misma filosofía. Acostumbrado durante años a asesorar a clientes, hoy traslada ese conocimiento a estudiantes que pronto tendrán que gestionar sus primeras decisiones económicas. "Nunca había hablado delante de una clase de adolescentes. Al principio imponía bastante, pero ahora disfruto muchísimo", reconoce.
Para él, el mayor aprendizaje llega cuando consigue que los jóvenes comprendan que detrás de cada decisión financiera hay consecuencias. "Intentamos que desarrollen espíritu crítico. Que no acepten cualquier financiación solo porque se la ofrecen. Que aprendan a preguntarse si realmente pueden permitírsela", afirma.
El voluntariado sénior adopta muchas formas. Es el caso de Teresa Márquez, voluntaria de Lleida. Después de prejubilarse en 2012 como directora de oficina, decidió que era el momento de dedicar parte de su tiempo a aquello para lo que antes apenas encontraba espacio: acompañar a personas y seguir aportando desde la experiencia.
Teresa comenzó apoyando a niños y niñas en un programa de refuerzo escolar de la Parroquia del Carmen de la ciudad. Muchos pertenecen a familias migrantes y necesitan apoyo tanto dentro como fuera del aula. "La mayoría son migrantes, muchos de segunda generación, y en sus casas tienen el problema del idioma", explica.
Con el paso de los años, y lleva 14 cursos académicos, ha comprobado que ese acompañamiento va mucho más allá de mejorar las notas. "Les ayudas muchas veces a socializar entre ellos; les enseñas valores también", apunta.

Después de más de una década como voluntaria, Teresa ha visto crecer a muchos de esos niños y ha celebrado sus logros como si fueran propios. "Cuando ves que hacen Formación Profesional o se matriculan en la Universidad, estás contentísima. Son tantos años que estás con ellos y te alegras por ellos", remarca.
Su compromiso se ha ampliado también a talleres de educación financiera dirigidos a personas desempleadas, personas mayores o personas con discapacidad intelectual. Adaptar el conocimiento a cada realidad forma parte de su manera de entender el voluntariado. "Ves que la experiencia que has acumulado es útil para los demás. Todo lo que has aprendido durante tantos años todavía puede servir", comenta orgullosa.
Daniel también participa en talleres de impulso profesional para ayudar a personas en búsqueda de empleo a preparar un currículum o afrontar una entrevista de trabajo. Además, ha llevado ese compromiso mucho más allá de las aulas.
Ha colaborado en la ayuda a los afectados por las inundaciones de El Álamo, en el traslado de material para los damnificados por la DANA en Valencia y en la entrega de regalos a pacientes mayores hospitalizados durante la Navidad.
Las historias de Adolfo, Daniel y Teresa son diferentes, pero todas nacen de una misma convicción: la jubilación no significa dejar de aportar, sino encontrar una nueva forma de hacerlo.
La Organización de las Naciones Unidas lo reconoce en un informe titulado ‘Década del Envejecimiento Saludable’ en el que recoge que la participación activa de las personas mayores es clave para la transformación social, a la vez que ayuda a mantener una mejor calidad de vida, tanto a nivel mental como físico.
La experiencia, la empatía y la capacidad de acompañamiento de estos voluntarios refuerza la cohesión comunitaria, ya que el conocimiento adquirido con los años es un motor de impacto social.
Además, en muchos casos, hay una transferencia intergeneracional de saberes, valores y habilidades. En un aula, leyendo con un niño, orientando a una persona que busca empleo o ayudando a quienes atraviesan una situación difícil, los voluntarios sénior de Voluntariado CaixaBank demuestran que la experiencia sigue teniendo un enorme valor cuando se comparte.


