EMPRENDIMIENTO
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¿Cuánta gente emprende en España? ¿Lo hace por necesidad o por oportunidad? ¿En qué sectores lo hace? Lo analizamos
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En España hay cerca de 3 millones de emprendedores, entre autónomos y pequeños, medianos y grandes empresarios, según el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA). Nos encontramos, por tanto, ante un porcentaje nada desdeñable de la población que, frente a la tendencia habitual del trabajo por cuenta ajena, decide montar su propio proyecto empresarial.
Pero, más allá de ocupar una misma casilla en la Agencia Tributaria, ¿qué tienen en común los emprendedores españoles? Si tenemos en cuenta que pueden ser autónomos individuales o grandes empresarios, tener una micropyme o una compañía gigantesca, y trabajar en un sector tradicional o en otro emergente, ¿hay algo que los une a todos?
Lo cierto es que sí. A tenor del análisis realizado por CaixaBank Research , los emprendedores españoles tienen varias cosas en común, hasta tal punto que podemos clasificarlos e incluso ver su evolución a lo largo del tiempo.
Es uno de los grandes debates que podemos establecer entre emprendedores: ¿montaron su proyecto por necesidad o por oportunidad? Aquí, el paso del tiempo nos marca una progresión clara.
La crisis de 2008 trajo un aumento sin precedentes del desempleo, así que no fueron pocos los españoles que decidieron emprender por pura necesidad. De hecho, en el histórico del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) puede observarse cómo, en los momentos de crisis, la necesidad ha crecido de manera considerable.
Y aquí es donde se observa una llamativa evolución. A partir de 2020, con la llegada de la pandemia, la necesidad empieza a ser vista de otra manera. El emprendimiento 'obligado' empieza a deberse no solo a los posibles datos del paro, sino también a la incertidumbre generada.
Es por eso que, aunque la situación socioeconómica provocada por la pandemia fuese mucho más positiva que la de la crisis iniciada en 2008, el emprendimiento ante la incertidumbre ha crecido en los últimos años.
También resulta llamativo observar la evolución por género. Conforme a los datos históricos, el emprendimiento masculino suele ser más volátil e incluso impulsivo, alternando subidas y bajadas. Las mujeres, por su parte, emprenden mucho menos que los hombres, pero el emprendimiento femenino es más constante en su iniciativa.
Siempre se dice que las comparaciones son odiosas y no tiene por qué ser cierto, pero, como poco, pueden ser curiosas. Si nos medimos con nuestro entorno, ¿es España más o menos emprendedora que el resto de países de la UE?
Los datos recabados por CaixaBank Research muestran que nuestra creación de empresas se sitúa por debajo de países como Portugal, Francia o Irlanda. De hecho, el surgimiento de nuevas compañías en nuestro país está incluso por debajo de la media europea.
Y dentro de España, ¿cómo se reparte este emprendimiento? Los datos también muestran una tendencia clara. Las comunidades autónomas con una mayor iniciativa emprendedora se definen por dos posibles motivos: o la densidad de población o el dinamismo de sus economías.
Por ello, junto a las zonas más pobladas, se sitúan también aquellas con una alta afluencia turística, que no deja de ser uno de los motores económicos de nuestro país.
El tejido empresarial español, tradicionalmente, ha estado orientado de manera mayoritaria al sector servicios. Y así sigue siéndolo, pero hay una tendencia que, siguiendo la existente a nivel global, empieza a notarse en nuestro país: la tecnología.
El análisis de CaixaBank Research destaca el significativo crecimiento de sectores ligados a la digitalización y la economía 4.0: algunas ramas de actividad, como las actividades tecnológicas o la información y las comunicaciones, tienen unas tasas de crecimiento en la creación de empresas muy superiores a la media.
De hecho, este aumento acaba afectando también a sectores más tradicionales que, con el paso del tiempo, se han nutrido de estas nuevas industrias. Un claro ejemplo de ello son el transporte y la logística, impulsados por el auge del comercio electrónico.
El Global Entrepreneurship Monitor (GEM) también da buena cuenta de este hecho. Desde 2011, el nivel tecnológico de los proyectos emprendedores españoles no ha hecho más que crecer. No solo entre las empresas nuevas, también en las consolidadas.
Seamos sinceros: emprender no es un camino de rosas, precisamente, sino una labor dura que, además, en muchas ocasiones no sale como se esperaba. Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran una realidad bastante cruda: son muchas las empresas que, tres años después de abrir, han acabado cerrando.
Del total de empresas que se crearon en 2020, por ejemplo, el 22,2% cerraron el primer año, el 14,8% el segundo y el 9,4% al tercero, dejando un acumulado del 46,4% que, desafortunadamente, no supone una desviación respecto a años anteriores.
En 2019, el porcentaje acumulado de empresas que cerraron tras 3 años fue 45,1%, una cifra que también se repitió con las empresas abiertas en 2017 y 2012. Y al fijar la vista sobre años más positivos, el número no mejora considerablemente. 2015 es el año en que más empresas sobrevivieron tras 3 años, y aun así, el porcentaje de cierres es del 43,7%.
Por eso, decir que el principal objetivo de un proyecto emprendedor es sobrevivir quizá pueda parecer pesimista, incluso agónico, pero refleja lo que, en definitiva, es una realidad: si montar una empresa es difícil, mantenerla lo es más aún. Y el mérito de aquellas que consiguen sus objetivos, por tanto, es indudable.