El certificado energético es clave al alquilar o vender. Repasamos las obras y reformas que aumentan la eficiencia de tu casa
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El certificado energético indica la eficiencia de una vivienda mediante una escala de la A a la G. Para mejorar su calificación se puede actuar sobre el aislamiento y la envolvente térmica, renovar los sistemas de climatización e incorporar energías renovables. El resultado depende de cada inmueble.
Una vivienda es mucho más que su situación, la calidad de sus materiales o los equipamientos de sus zonas comunes. Su eficiencia energética cobra especial importancia en un contexto en el que el clima cambia y cada vez más ciudadanos se preocupan por la sostenibilidad de su vida diaria.
Tanto es así, que el certificado energético se ha convertido en un documento obligatorio, salvo algunas excepciones previstas en la norma, a la hora de alquilar o vender una vivienda.
Mejorar la calificación energética que contiene ese certificado no solo puede aportar un mayor valor de mercado al inmueble, sino que ayudará a aumentar su sostenibilidad.
¿Cómo se puede mejorar la calificación energética de una vivienda?, ¿qué tipo de obras ayudan a reducir su consumo y emisiones contaminantes? Vamos a ver con detalle algunos conceptos clave y qué se puede hacer para aumentar la eficiencia energética de una casa.
El certificado de calificación energética de una vivienda o certificado energético es un documento que acredita los niveles de consumo energético y de emisiones de dióxido de carbono de una vivienda.
Otorga a la vivienda y/o edificio una calificación energética determinada, que va de la letra A a la G y se refleja en una etiqueta, junto a los valores de consumo anual de energía primaria no renovable y de emisiones anuales de CO₂.
Este certificado lo expide un técnico certificador habilitado y tiene una validez máxima de diez años, salvo en el caso de la certificación G, que vence a los cinco años.
Además del consumo energético y las emisiones contaminantes globales, este certificado recoge algunos indicadores complementarios: demanda de calefacción y de refrigeración, así como consumo y emisiones desglosados por servicio (calefacción, refrigeración y agua caliente).
Como acabamos de ver, la etiqueta energética que contiene el certificado informa sobre el consumo de energía y de las emisiones de CO₂ de la vivienda y/o del edificio, y los sitúa en una escala de siete letras, que van de la A a la G.
En esa escala, la letra A corresponde a los inmuebles más eficientes y la G, a los menos eficientes. La escala de emisiones funciona de manera similar.
¿Cómo se decide si la calificación energética de una vivienda forma parte de una u otra letra? Por comparación con otras y mediante dos índices diferentes.
En la siguiente tabla, C1 compara la vivienda que se califica con el parque de viviendas nuevas de referencia, mientras que C2 la compara con el parque de viviendas existentes. Un índice de 1 equivale a encontrarse en la media del parque de referencia.
| Letra | Condición |
|---|---|
| A | C1 < 0,15 |
| B | 0,15 ≤ C1 < 0,50 |
| C | 0,50 ≤ C1 < 1,00 |
| D | 1,00 ≤ C1 < 1,75 |
| E | 1,75 ≤ C1 y C2 < 1,00 |
| F | 1,75 ≤ C1 y 1,00 ≤ C2 < 1,50 |
| G | 1,75 ≤ C1 y C2 ≥ 1,50 |
Fuente: Calificación de la eficiencia energética de los edificios . MITECO.
Como hemos visto, de la A a la D, la vivienda se mide frente a las viviendas nuevas. Si queda por encima de ese rango, se reparte entre E, F y G según cómo se sitúe frente a las viviendas existentes. En estas últimas, lo más habitual es que se encuentren entre la D y la G.
Esos índices se traducen después a valores concretos en función del tipo de inmueble y del área climática donde se encuentre.
Ya tenemos el certificado de calificación energética de la vivienda y su etiqueta correspondiente. ¿Se puede hacer algo para cambiar a una letra más favorecedora?
Sí, se pueden realizar distintas reformas que permiten mejorar el aislamiento y, con ello, la eficiencia energética de la vivienda. También se pueden instalar soluciones de energía renovable para climatización y agua caliente o hacer que estos sistemas ganen eficiencia.
Recordemos que el certificado energético mide el consumo de energía no renovable del inmueble y sus emisiones contaminantes.
Si conseguimos reducirlos, la comparación de la vivienda respecto a otras mejorará y, con ella, su calificación energética. No solo eso: las mejoras en la calificación también abren la puerta a subvenciones y deducciones.
Veamos algunos ejemplos de obras y cambios que ayudan a mejorar el certificado energético de una casa o piso.
Se trata de mejorar el aislamiento de elementos como la fachada (tanto muros como ventanas y huecos), los suelos, la cubierta o los tabiques interiores para disminuir en lo posible el intercambio de frío o calor. Son medidas pasivas que disminuyen la demanda energética.
En esta categoría entran actuaciones muy variadas:
En la calificación energética de una vivienda, los consumos energéticos que se tienen en cuenta son los relativos a los equipos de climatización y producción de agua caliente sanitaria, tal y como explica el IDAE .
De esta manera, renovar los sistemas de calefacción y aire acondicionado por otros más eficientes, así como sus elementos de regulación, control y gestión, pueden ayudar a mejorar la eficiencia energética de un piso o una casa.
Estos son algunos ejemplos:
Las obras destinadas a sustituir las energías convencionales por otras renovables también permiten llevar la eficiencia energética de una vivienda a un nivel más elevado.
Recordemos que uno de los parámetros principales de la evaluación es el consumo de energía primaria no renovable.
Rebajarlo no es una cuestión exclusiva de actuar sobre envolventes y sistemas de climatización. También ayuda cambiar ese tipo de fuentes de energía por otras más limpias:
Estas soluciones emplean fuentes renovables y pueden reducir el consumo de energía primaria no renovable y las emisiones consideradas en la calificación. El resultado dependerá de las características de la vivienda, sus instalaciones y la solución adoptada.


