CAMBIO CLIMÁTICO
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Tus tarjetas usadas pueden acabar en el banco… o en un banco. También en la papelera… o en una papelera. Parece un trabalenguas, pero te lo explicamos enseguida
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En la lucha por la sostenibilidad, cada cual juega su papel, por pequeño que sea. Un buen ejemplo de ello es el parque de una ciudad o incluso una calle cualquiera. En ambos casos, los árboles y zonas verdes absorben CO2 a la vez que refrescan y depuran el ambiente, algo, evidentemente, primordial. Pero no son los únicos factores importantes.
Pensemos en una papelera, por ejemplo. Incluso si nos fijamos en una cuyo contenido no se recicle al 100%, lo cierto es que la papelera contribuye a reducir la cantidad de residuos en el césped o el asfalto. Otro ejemplo puede ser el de una fuente, que evitará la compra de agua embotellada, eliminando, de este modo, la necesidad de recurrir a nuevos envases plásticos. Del mismo modo, la presencia de bancos en una ciudad hará que los ciudadanos se integren en el medio que les rodea, sin necesidad de invadirlo.
Pero, ¿y si te dijéramos que un banco o una papelera pueden jugar un papel mucho mayor del que crees a la hora de reducir emisiones? ¿Y si descubrieras, además, que tu tarjeta bancaria puede aumentar esa relevancia?
Así se transforma una tarjeta en un banco o una papelera

Ese es precisamente el objetivo de CaixaBank, que a través de su filial de medios de pago CaixaBank Payments & Consumer, ha lanzado un proyecto mediante el que convierte las tarjetas bancarias caducadas o sin uso en mobiliario urbano sostenible. El proceso consta de cuatro fases bien diferenciadas:
1.- Entrega de tarjetas. Como primer paso, los clientes de CaixaBank entregan sus tarjetas caducadas o sin uso en las oficinas de la entidad.
2.- Triturado. Las tarjetas, una vez recopiladas, son enviadas a un gestor autorizado de residuos electrónicos. Este se encargará de leerlas (este proceso, como veremos más adelante, será esencial), registrarlas y triturarlas hasta convertirlas en polvo.
3.- Fabricación.Una vez triturado, el plástico se envía a Benito Urban (Abrir en ventana nueva), una empresa española dedicada al diseño y fabricación de Iluminación y mobiliario urbano. En este proceso, la compañía separa y extrae los componentes metálicos del polvo, mientras que el plástico reciclado lo introduce en sus líneas de producción, convirtiéndolo en mobiliario urbano como bancos y papeleras.
4.- Seguimiento y comunicación.Gracias a la lectura de las tarjetas, cada cliente que haya depositado la suya en una oficina podrá seguir el proceso en todo momento y, finalmente, recibirá el aviso en su app de CaixaBank cuando su tarjeta haya sido reciclada y reconvertida con éxito. Es importante que los clientes que deseen recibir dicho aviso entreguen sus tarjetas sin cortar, para facilitar su lectura. Todo este proceso permite una trazabilidad total del reciclaje, ya que cada paso está certificado y documentado.
1,2 millones de tarjetas y 6,3 toneladas de plástico reciclado en 2025

El impacto social y ambiental de esta medida habla por sí solo: desde que comenzó, más de 3 millones de tarjetas han sido recicladas. De hecho, solo en el primer semestre de 2025, han pasado por este proceso más de 1,2 millones de tarjetas, equivalentes a 6,3 toneladas de plástico.
Todo ello ha tenido un resultado palpable: desde el lanzamiento de la iniciativa, Benito Urban ha diseñado y producido más de 100 bancos y papeleras sostenibles. Además, cerca de 340.000 clientes han recibido este año el mensaje de agradecimiento por reciclar su tarjeta, contribuyendo a la reducción de residuos y fomentando la economía circular.
Esta iniciativa, que se suma al circuito de reciclaje de tarjetas que CaixaBank tiene en marcha desde 2019, se enmarca en la línea estratégica de avanzar hacia una economía más sostenible del Plan de Sostenibilidad 2025-2027 de la entidad. El plan tiene entre sus objetivos el de reducir el impacto ambiental de la actividad de la entidad, reforzando su compromiso con la economía circular. Asimismo, apuesta por convertir a sus clientes en agentes del cambio al hacerles partícipes de la iniciativa, apoyando su comportamiento responsable y ofreciéndoles una conexión tangible con el impacto positivo de sus acciones al reciclar.

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