El primer cajero se concibió en una bañera y el PIN actual nació de una charla en la cocina. Conoce su historia
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El dinero físico cada vez pasa menos por nuestras manos. En especial, desde la pandemia por COVID, que popularizó las tarjetas contactless incluso para pequeños pagos. Pero hay una pequeña costumbre que no desaparece: ir al cajero a sacar efectivo, algo que continúa siendo habitual.
Los cajeros automáticos están tan integrados en nuestro día a día que nos cuesta imaginar que, sesenta años atrás, no existían. ¿Conoces su historia, los inventores que se atribuyen su creación y las curiosas anécdotas alrededor de su origen? Si la respuesta es no, te invitamos a descubrirlos.
Antes de que dos inventores se disputaran la paternidad del cajero automático, hay una historia que merece la pena conocer. Se remonta a 1939 y tiene como protagonista a un inventor armenio-estadounidense llamado Luther George Simjian.
A Simjian se lo considera el precursor del cajero automático: el mismo año en que comenzaba la II Guerra Mundial, este inventor registró 20 patentes para su creación.
Luther George Simjian – Inventor of ATM, Color X-Ray and More#ArmenianInventors pic.twitter.com/YmhsTVpVeq
— WorryAboutYou (@armenian_lives) October 23, 2022
El primer cajero automático se instaló en algunos vestíbulos de un banco de Nueva York. Era el año 1961 y estos artilugios servían para realizar depósitos de cheques o efectivo , pero todavía no permitían retirar dinero.
Sin embargo, su invento tuvo una vida de tan solo seis meses. El propio Simjian reconoció en su autobiografía que parecía que las únicas personas que usaban las máquinas eran un número reducido de usuarios que no querían tratar con los cajeros cara a cara. “El banco dijo que no había suficientes (usuarios) como para que el negocio resultara lucrativo”, apuntaba.
¿Fracaso o un adelantado a su tiempo? Fuera como fuese, se había puesto la primera piedra para desarrollar el primero de los cajeros automáticos.
Al igual que a Simjian, a John Shepherd-Barron, nacido en India, pero de origen escocés, se le ocurrían muchas cosas. Llegó a crear un espantafocas que emitía chillidos de ballena para que las focas que se acercaban a su piscifactoría de Escocia huyeran sin mirar atrás.
Aunque aquello por lo que conocemos a Shepherd-Barron, y por lo que se le recuerda, es por ser el padre del cajero automático. Al menos, uno de ellos, pero a esta doble paternidad llegaremos un poco más adelante.
Shepherd-Barron, que se unió a la empresa De La Rue, imaginó el cajero automático en su bañera.
“Debía haber una manera de obtener mi propio dinero, en cualquier parte del mundo o en el Reino Unido. Se me ocurrió la idea de un dispensador de chocolatinas, pero reemplazando el chocolate por efectivo”, contaría en una entrevista que le hizo la BBC en 2007 .
La cuestión era que a Shepherd-Barron un día le cerraron la puerta del banco casi en las narices y por eso no pudo retirar dinero. Así que trató de buscar una solución.
Aquella máquina dispensadora de dinero no se parecía mucho a los cajeros automáticos con los que nos topamos hoy. El de Shepherd-Barron funcionaba así: se introducía un cheque por valor de 10 libras esterlinas, impregnado de un compuesto radiactivo de carbono 14 para poder reconocer su autenticidad.
La máquina detectaba esa señal radiactiva y después se cotejaba con un número de identificación personal: sí, el PIN que todos utilizamos hoy en nuestras tarjetas. También tenía cuatro dígitos. Un estándar que continúa vigente y que se le ocurrió, en realidad, gracias a una charla con su mujer en la cocina de su casa.
El primer cajero o máquina DACS (siglas de De La Rue Automatic Cash System) se instaló en la sucursal de Barclays Bank en Enfield, al norte del Gran Londres, en junio de 1967. Y no, la radiactividad no era tan peligrosa como se pueda pensar: “tendrías que comerte 136.000 cheques de ese tipo para que te afectara”, bromeó su inventor.
Did you know that the world's first ATM was installed in north London by Barclays on June 27, 1967? The original ATM was created by John Shepherd-Barron, and was installed at Barlays Enfield branch. #throwbackthursday #ftsi #branchsolutions pic.twitter.com/LprphpIFRR
— FTSI Corp. (@FTSICorp) May 17, 2019
El éxito de este cajero automático fue inmediato… en Europa. Porque, cuando su inventor trató de vender la idea en Estados Unidos, lo tacharon poco menos que de loco.
Mientras Shepherd-Barron se asociaba con De La Rue para poner en marcha su sistema de cheques radiactivos, otro escocés, James Goodfellow, recibió el encargo de crear, como ingeniero de desarrollo, un dispensador de dinero automático.
Al parecer fue él, y no su rival, quien patentó la tecnología del PIN. Y no solo eso: dicho PIN iba asociado a una tarjeta cifrada que la máquina lograba interpretar. Esta fue la precursora de la tarjeta de débito o crédito que usamos en la actualidad.
Did you know that the birthplace of the modern bank machine and Personal Identification Number (PIN) technology is none other than Paisley? Meet James Goodfellow, born in 1937, a visionary inventor who, at 28, patented the revolutionary concept of an ATM with PIN security in 1966 pic.twitter.com/oAkGvJSrsP
— Paisley Heritage SCIO (@PaisleyHeritage) December 4, 2023
En 2005, la reina Isabel II nombró a Shepherd-Barron Oficial del Imperio Británico, lo que enfureció a Goodfellow: “[Shepherd-Barron] inventó un dispositivo radiactivo para retirar dinero . Yo inventé un sistema automatizado con una tarjeta encriptada y un número PIN, y ese es el que se usa en todo el mundo hoy en día”, dijo al conocer aquella distinción.
Al año siguiente, la monarca distinguió a James con el mismo honor. Aun así, nunca se ha sentido lo suficientemente validado y durante décadas ha reclamado la paternidad del cajero automático moderno.
En realidad, atribuirle la idea del cajero a uno u otro, incluso a los dos, solo sería una verdad a medias. Porque antes existió el prototipo de Simjian, pero hubo otros modelos funcionando más o menos en paralelo y en distintas partes del mundo.
Por ejemplo, en Tübingen, Alemania, la Kreissparkasse (que vendría a ser algo así como Círculo de Cajas de Ahorros) creó una suerte de cajero formado por una llave de una caja fuerte , una tarjeta de identificación y diez tarjetas perforadas para cada uno de los clientes que lo utilizaban. Las tarjetas servían como comprobante de retirada de cien marcos.
En paralelo al invento de Barron, con días de diferencia, había algo en marcha en Japón, algo en Suecia… Esto hace pensar que aquel adelantado a su tiempo que fue Simjian plantó una especie de semilla que florecería años después.
Hoy, los cajeros permiten infinidad de operaciones: ingresar dinero, hacer transferencias, pagar recibos… y, por supuesto, retirar efectivo. Incluso algunos, como los de CaixaBank, devuelven cambio por Bizum si pagas algo en efectivo.
¿Y el final del dinero físico? Barron predijo en 2007 que terminaría en pocos años. Han pasado casi 20 y no parece cercano: tenemos cajeros automáticos para rato.


