Del algodón y la lana a los tejidos técnicos: así ha evolucionado la equipación de baloncesto femenino en más de un siglo
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Si pensamos en el baloncesto, quizá estamos ante uno de los deportes cuya brecha de género se está reduciendo a mayor velocidad. Es evidente que la versión masculina aún tiene más seguidores, pero el auge que vive el baloncesto femenino es espectacular.
Eso sí, hasta llegar al punto actual, el baloncesto femenino ha tenido que superar muchas barreras. Entre ellas, la del uniforme.
¿Sabes cómo ha ido evolucionando la equipación de baloncesto femenino? ¿Cómo era la de los años 80, la de los años 20 o incluso la de finales del siglo XIX? Si no conoces esta historia, no te la pierdas, porque es realmente interesante.
¿Has pensado alguna vez en por qué las canchas de baloncesto suelen estar cubiertas y las de fútbol no? El propio origen de este deporte tiene mucho que ver.
Para descubrirlo tenemos que viajar a finales del siglo XIX y a Nueva Inglaterra, la región más al norte de la Costa Este de los Estados Unidos.
En esa zona, los inviernos pueden alcanzar temperaturas inferiores a los 30 grados bajo cero, así que practicar fútbol americano o béisbol no parecía una opción para los estudiantes.
James Naismith, un profesor canadiense de Educación Física en la YMCA (actualmente el Springfield College ), ideó un deporte de equipo que resultara motivador y divertido para sus alumnos, pero que pudiera practicarse bajo techo.
Así, en torno a un balón, unas cestas de melocotones colgadas de unas barandillas a una determinada altura y tan solo trece reglas, nació el baloncesto en 1891. Ganó tanta popularidad entre los institutos y universidades que, solo un año después, se creó el baloncesto femenino.
Los primeros tejidos empleados en cada equipación de baloncesto, tanto femenino como masculino, eran principalmente algodón y lana.
Los tejidos llamados técnicos aún iban a tardar mucho en llegar (el padre de estos nuevos tejidos, el nylon, nacía en la década de los 30 del siglo XX).
Por otra parte, debemos pensar que, en aquellos primeros compases, el baloncesto no iba más allá de ser un hobby, así que la ropa con que se jugaba priorizaba el decoro a la comodidad y la libertad de movimientos.
La web especializada en baloncesto femenino Basketfem nos muestra a un grupo de mujeres con su equipación: todas ellas van vestidas de negro absoluto, con una blusa ancha, una camiseta debajo, bombachos por debajo de las rodillas y medias cubriendo toda la pantorrilla. No parece cómodo, ni mucho menos transpirable.
El 19 de marzo de 1868 nacía Senda Berenson Abbott, considerada la madre del baloncesto femenino. Tenía 7 años cuando su familia emigró desde el Imperio Ruso a los EEUU. De pequeña, Senda era una niña de complexión débil a la que le gustaba la música y el arte. Tras estudiar ���� pic.twitter.com/YAHf5TiqJy
— Sandra Ferrer Valero (@SandraFerrerV) March 19, 2024
En otra imagen de un equipo de Minnesota en 1904, las baloncestistas llevan una especie de blusa de marinero, también oscura, y una falda larga. No hace falta explicar que pisarse las faldas o tropezar con ellas era algo bastante frecuente.
A partir de los años 30 se empieza a observar una tendencia a la funcionalidad en las prendas de baloncesto femenino.
Aquellos bombachos amplios y aquellas camisas empiezan a desaparecer, y la equipación está más pensada para correr y saltar por la cancha. En la mencionada web podemos ver la imagen de las Philadelphia Tribune Girls con una equipación de baloncesto femenino mucho más parecida a lo que vemos hoy: pantalones cortos y camiseta de manga corta o de tirantes.
The Tribune Girls, winners of 11 straight Women’s Colored Basketball World’s Championships during the 1930s and early 1940s
— Only The Ball Was Brown (@inthelowpost) December 1, 2023
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Algo similar se puede apreciar en las Arkansas Travelers en la década de los 40, en plena II Guerra Mundial. Los años 50 y 60 viran hacia una uniformidad de colores cada vez más alegres, en tejidos brillantes, y las rodilleras antiguamente ocultas bajo las medias ahora quedaban al descubierto.
Los años 80 marcaron un antes y un después en la historia del baloncesto, también el femenino. Hay que pensar que esta disciplina se hizo olímpica en 1976 (el baloncesto femenino; el masculino lo era desde 1936), por lo que la década de los 80 supuso una expansión internacional.
Empezó a reconocerse el peso de la categoría femenina de este deporte y se impulsó su formación. En España nació la Operación Siglo XXI, un programa destinado a profesionalizar el baloncesto femenino, pensando también en los Juegos Olímpicos de 1992, que tuvieron lugar en nuestro país.
En aquellos años 80, en la equipación femenina estándar de baloncesto continuaba triunfando el short tipo rocky. Sin embargo, en los 90 aquellas camisetas de tirantes más bien ajustadas y pantalones cortísimos dieron paso a prendas extragrandes: la moda urbana, el rap y el hip hop habían llegado también al deporte.

Entramos en el siglo XXI con aquellos uniformes heredados en parte de los años 90 de camisetas y pantalones holgadísimos.
Si en los años 80 la equipación femenina y masculina de baloncesto se solía confeccionar en malla de nylon (más transpirable) y en los 90 el poliéster y la micromalla se hacían con el mercado, el inicio de siglo iría evolucionando no solo en el corte de los uniformes, sino también en los tejidos utilizados.
A finales de la primera década de los 2000, las principales marcas de uniformes deportivos comenzaban a explorar materiales más ligeros y con absorción más rápida del sudor: la alta tecnología llegaba, por fin, a los tejidos.
En cuanto a la forma, seguían usando camisetas y pantalones holgados, pero no tan extremos como en décadas anteriores. También se introdujeron bajo el pantalón las mallas térmicas o de compresión, en especial a comienzos de la década de los 2010: con ellas, las jugadoras lograban conservar el calor muscular a la vez que mantenían la humedad.
Por fin, a finales de la década pasada la industria observaba que el cuerpo de la mujer necesitaba de un patronaje especial, adaptado a su físico y orientado a mejorar tanto su rendimiento deportivo como su libertad de movimientos.
Un ejemplo de esta evolución es la equipación ideada por dos diseñadoras del IED de Barcelona en 2019 para practicar baloncesto femenino: prendas elásticas, pero no ceñidas al cuerpo, confeccionadas en un material de elastano, poliéster y poliamida, de rápido secado y transpiración. Un paso más para facilitar la práctica de este deporte a las mujeres.


