Con visitas culturales, conciertos adaptados o talleres creativos, voluntarios de CaixaBank ayudan a combatir el aislamiento
Tiempo de lectura | 5 min.

Roser Páez recuerda la vez que María, una mujer con Alzheimer, recuperó la memoria a través de un violín. Era en la salida de una residencia de la tercera edad al Auditori de Barcelona para un Matí d’Orquestra, sesiones diseñadas para acercar la música clásica a la población en situación de vulnerabilidad.
“Te dejan elegir un instrumento para probarlos”, contaba Roser. La señora cogió el violín. “Me sorprendió, porque el violín no es un instrumento nada fácil de tocar. Los primeros compases sonaban fatal, pero poco a poco entendimos que era el Gegant del Pi, una canción tradicional”.
Al terminar su canción, María se echó a llorar. Había formado parte de la Orquesta del Liceo. “Es algo que se me quedó muy grabado. Le dimos la oportunidad de volver un poco a lo que fue su profesión”, rememora Roser.
María y Roser se cruzaron gracias a la colaboración de Voluntariado CaixaBank y Apropa Cultura, una iniciativa que acerca a personas con necesidades especiales, principalmente a personas mayores, a la vida cultural de sus ciudades.
Roser fue pionera, cuando, al jubilarse del banco en 2023, empezó a coordinar los traslados. Tan solo en el primer semestre de este año, más de 500 personas se han beneficiado de esta colaboración en Barcelona, Girona y Tarragona.
“Nuestra máxima prioridad es que salgan, que conecten con el entorno, con el mundo”, cuenta Roser. “Es darles una posibilidad para aprender. Siempre hay edad para el aprendizaje”.
Van a la Sagrada Familia, y aprenden sobre la obra de Gaudí, o a los pabellones del hospital modernista de Sant Pau y escuchan sobre Domènech i Montaner. Van al CaixaForum, al CosmoCaixa a descubrir la ciencia, al Zoo de la Ciudad Condal… En el Museo de Historia de Cataluña recuerdan parte de su vida.
“Hay una cocina situada en los años 30 y otra que simula los años 60, y ellos ven la diferencia. Hay lecheras, hay neveras de las antiguas que van con hielo… Hay muchos que son de aquí y recuerdan la época, y otros recuerdan cómo fue en su territorio”, explica la voluntaria.

Anna Chacopino también fue la encargada de poner en marcha la colaboración entre Apropa Cultura y los Voluntarios CaixaBank, aunque en Tarragona. Fue en septiembre de hace dos años.
“Como organizan bastantes cosas, siempre que necesitan voluntarios, nos llaman. Voluntarios y transporte. Y esto les ha ayudado muchísimo, porque a veces no llegaban a todo”, detalla Anna.
La mayor parte de las salidas que hacen en la provincia de Tarragona son a conciertos de música clásica, pero que se adaptan a las necesidades de las personas que asisten.
“Son conciertos que se llaman relajados, porque la gente sabe que a mitad del concierto se puede levantar para ir al lavabo o que no pasa nada si les da un ataque de tos”, cuenta.
Estas adaptaciones no se hacen solo pensando en las personas mayores, porque en la colaboración entre Apropa Cultura y Voluntariado CaixaBank también se acompaña a personas con discapacidad.
“Hay sesiones, por ejemplo, de cine, en los que las luces no se apagan del todo. Y si alguien se pone a hablar en voz alta, o a reír, no importa”, relata Anna.

Los Voluntarios de CaixaBank facilitan el acceso a la cultura por todo el territorio, les acompañan al cine, al teatro, a exposiciones... Un gran ejemplo es Estrella Davias, una empleada de oficina de CaixaBank de Málaga que acumula más de dos décadas de experiencia solidaria.
A lo largo de su trayectoria ha participado en ludotecas para niños y comedores navideños para ancianos, pero recientemente vivió una de sus jornadas más especiales al coordinar el apoyo logístico en un concierto de la Orquesta Filarmónica de Málaga en la Plaza de la Victoria.
A pesar del intenso calor malagueño de esa tarde, los mayores de las entidades colaboradoras no quisieron perderse la cita. Estrella se encargó de recibirlos, repartirles agua, gestionar las entradas y acomodarlos para que disfrutaran de una velada mágica de jazz cubano y versiones de pop-rock bajo la iluminación monumental.
Al estar la oficina de Estrella muy cerca de la zona, el concierto propició un emotivo reencuentro con muchos de sus propios clientes del banco. “La gente mayor se lo pasó muy bien, estaban todos encantados”, explica con orgullo.
Estrella ha conseguido, además, que estos eventos también sean parte de la vida familiar. Su marido va con ella a la mayoría de las actividades, y, poco a poco, está empezando a ir solo. “Necesitaban un voluntario y yo no podía ir, así que fue él”, explica, “y mi hija también participa en actividades. Es bonito ayudar en lo que podemos”, confiesa.
Más allá del disfrute de los conciertos y las visitas guiadas, el impacto de la cultura en el bienestar de las personas da un paso más cuando se transforma en una herramienta terapéutica activa.
Esto es precisamente lo que ocurre en Zaragoza, donde la expresión artística deja de ser solo una actividad de ocio para convertirse en un aliado fundamental de la salud pública gracias a Maribel Moratilla.
Esta educadora social combina su trabajo en el área de admisión de un centro de salud con su gran pasión: la pintura y las exposiciones artísticas. Esta doble faceta la llevó a unirse como voluntaria de CaixaBank -ya que se trata de un voluntariado abierto a toda la sociedad-, a un grupo de calidad médica para poner en marcha unos talleres mensuales en el centro cívico dirigidos específicamente a pacientes con dolor crónico y problemas de soledad. La iniciativa nació con el objetivo de ofrecer alternativas terapéuticas que ayudaran a disminuir el uso excesivo de medicamentos.
En las sesiones, tras una charla médica explicativa, Maribel guía de forma totalmente personalizada a los participantes para que dibujen situaciones, recuerdos o aficiones que les hagan sentir bien. El resultado es un catálogo de experiencias positivas reflejadas en el papel.
Las personas que no sabían dibujar se apoyan en pegatinas de flores para ilustrar el bienestar de cuidar su huerto, pasear por el parque, escuchar música, andar en moto o jugar con sus nietos. “La idea”, explica, “es que se la lleven a casa, y cuando noten mucho dolor, miren la lista de recursos”.
“Me siento fenomenal haciendo esto porque me implico y la gente agradece ver otro punto de vista, ver que no todo es tomarse una pastilla a la primera”, concluye Maribel con satisfacción.
Las vivencias compartidas por voluntarias como Roser, Anna, Estrella y Maribel demuestran que el compromiso solidario no tiene una única forma, pero siempre persigue un mismo fin: fomentar la conexión con el mundo y derribar el aislamiento.
Ya sea convirtiendo la labor social en una gratificante experiencia compartida bajo las estrellas de Málaga, coordinando el acceso cultural de personas vulnerables en Cataluña o abriendo aulas para la expresión en Zaragoza. Estas iniciativas demuestran que el voluntariado es un motor incombustible de empatía que transforma por igual a quienes dan y a quienes reciben.
Cada nota escuchada en un concierto, cada recuerdo evocado en un museo o cada trazo de color se convierten en puentes hacia el pasado y en poderosas herramientas de bienestar físico y emocional presentes.
La cultura y el arte se revelan aquí no solo como espacios de ocio adaptado, sino como una medicina humana capaz de sustituir la soledad por sonrisas y complicidad.
Al final, tanto los participantes como los voluntarios hallan en estos encuentros una profunda satisfacción y un recordatorio permanente del poder sanador del acompañamiento humano.


