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La palabra televisión tiene casi un siglo de vida. Pero hoy no significa lo mismo que en sus orígenes. Ha sido, sin duda, el medio masivo de comunicación más influyente del siglo xx.
Tal fue su importancia que numerosos especialistas, como por ejemplo Giovanni Sartori, llegaron a afirmar que lo que no salía en la televisión simplemente no existía. Hasta hace relativamente poco, las noticias, los acontecimientos y las historias que contaba la televisión eran universalmente compartidos. La inauguración de los Juegos Olímpicos, por ejemplo, llegaba a congregar audiencias superiores a los 1.300 millones de personas en todo el mundo. Y aún hoy, cuando se produce una gran noticia, las personas se reúnen en torno a la televisión. A lo largo de sus casi 100 años de existencia ha perfeccionado la tecnología que utiliza pasando del blanco y negro al color (a finales de los años 60) e incorporando progresivamente una mayor definición de las imágenes, hasta llegar a los actuales receptores en alta definición que alcanzan una nitidez extrema gracias al transporte digital de las señales, sea a través de la televisión digital terrestre (TDT) o de las redes de fibra óptica gracias al protocolo de IPTV. Los receptores de las emisiones de televisión también han pasado de ser voluminosas cajas de madera a estilizadas pantallas planas.
La televisión sufre hoy una auténtica revolución. Las audiencias masivas ya no se convocan únicamente, ni principalmente, en torno a las emisiones de las cadenas convencionales (sean públicas o comerciales) a través de parrillas estáticas de programación. Por ejemplo, el consumo de la televisión convencional se movió en 2017 en Estados Unidos de las casi siete horas de la generación de los Baby Boomers (de 53 a 70 años) a poco más de dos horas de la Generación Z (de 2 a 20 años). El consumo audiovisual sigue pujante y aumenta globalmente, pero se desplaza hacia las nuevas redes sociales como YouTube (1.500 millones de seguidores en todo el mundo) o las nuevas plataformas a través del cable como Movistar + o Netflix. Hoy en día, un youtuber (influencer en YouTube) puede sumar más de diez millones de seguidores, y sus vídeos, millones y millones de reproducciones, unas cifras actualmente muy difíciles de alcanzar para una emisora convencional de televisión que en muchas ocasiones se está transformando en una plataforma.


Las Naciones Unidas instauraron el 21 de noviembre como Día Mundial de la Televisión. Lo hicieron cuando las pantallas estaban dominadas por las cadenas convencionales en horarios de máxima audiencia, el denominado prime time. Hoy, el audiovisual continúa siendo el principal soporte de la información y del entretenimiento, pero las pantallas se han multiplicado y el consumo se ha diversificado. Y esto no ha hecho más que empezar. Los expertos aseguran que la telefonía móvil basada en el 5G o la proliferación de los coches sin conductor multiplicarán un 2.500% el consumo audiovisual. Y posiblemente le seguiremos llamando televisión y brindando por su espléndido futuro.