Las dos bases de la selección explican cómo el baloncesto les enseñó a crecer, adaptarse y volver a empezar
Tiempo de lectura | 7 min.

¿Qué tienen en común dirigir el juego de un equipo, comenzar de nuevo en una ciudad desconocida y afrontar decisiones que pueden cambiar una carrera? Para Maite Cazorla y Aina Ayuso, la respuesta está en algunas de las capacidades que han desarrollado gracias al baloncesto: observar, adaptarse a lo que necesita el grupo, confiar y superar los obstáculos.
Las dos bases de la selección española han recorrido ciudades, países y equipos. Por el camino han tenido que abandonar su entorno familiar, compatibilizar estudios y entrenamientos, encontrar su sitio en nuevos vestuarios y afrontar momentos de incertidumbre.
En el último capítulo de la segunda temporada de ‘Creemos en el baloncesto’, el videopódcast presentado por Marta Fernández, Cazorla y Ayuso repasan sus trayectorias, comparten algunas lecciones valiosas que han aprendido y sus sensaciones de cara a este Mundial.
Maite Cazorla se marchó de Canarias a Barcelona con 14 años para participar en el programa de formación en baloncesto Siglo XXI. “Fue un proceso de madurez más rápido de lo normal”, recuerda. Después llegaría Oregón, en Estados Unidos, “donde también aprendí muchísimo”.
El respaldo de sus hermanos fue decisivo. Su consejo se apoyaba en una idea sencilla: podía probar y, si no se adaptaba, regresar. Finalmente, la experiencia le permitió crecer como jugadora y descubrir otra forma de vivir el baloncesto.
También Aina Ayuso pasó por Siglo XXI y por Oregón, para acabar por estabilizarse en Murcia. “A nivel madurativo y deportivo, Murcia ha sido la ciudad más importante”, reconoce.
En ambos casos, contaron con una red de apoyo fundamental: sus familias. También aprendieron a construir un hogar allá donde fueran. Las mudanzas son una realidad habitual en el deporte profesional. Cada cambio obliga a reconstruir rutinas, relaciones y espacios de confianza.
¿Cómo lo hacen las jugadoras profesionales de baloncesto? Maite Cazorla trata de conocer las ciudades en las que vive y encontrar lugares que encajen con sus costumbres: “Como me gusta el café, busco una cafetería cercana”.
Ayuso, por su parte, intenta transformar cuanto antes su apartamento en una casa, un lugar que funcione como refugio al terminar los entrenamientos.
Para ambas, no obstante, su hogar es su familia y también lo son sus amistades. “Mi casa es mi familia, es mi gente. Volver y estar con ellos, sea donde sea”, confiesa Cazorla. En eso coincide Ayuso: “Es ir a tu casa, a tu familia, a tus amigos”, expresa.
La experiencia de vivir en muchos lugares también cambia la manera de afrontar las despedidas. Con el paso del tiempo, explican, marcharse puede resultar más difícil. “Cada vez cuesta más irse”, admite Ayuso.
Jugar como base requiere una gran capacidad de adaptación y dotes de liderazgo. Es una posición que actúa como extensión del entrenador en la pista y organiza buena parte del juego, como explican Cazorla y Ayuso.
¿Qué cualidades debe reunir una buena base para cumplir su misión? Para Ayuso, flexibilidad y capacidad de análisis. “Para mí, el base es el comodín. Intentas adaptarte a lo que necesita el equipo. También debes analizar cómo están las jugadoras y los partidos”, comparte.
A estas características, Cazorla añade la observación. “Observamos mucho. Al menos, yo lo hago, incluso en mi vida diaria”, indica.
En la carrera deportiva de las jugadoras profesionales de baloncesto, las lesiones son un contratiempo con el que acaban lidiando tarde o temprano. El regreso de Maite Cazorla después de sufrir una ocupa uno de los momentos centrales de la conversación.
Su recuperación “ha sido un proceso muy largo, como una montaña rusa”, describe Cazorla, quien reconoce que perderse el Eurobasket 2025 fue especialmente duro para ella.
En su caso, rodearse de buenos profesionales le ayudó a superarlo, así como no perder el foco. “Hay que trabajar la paciencia y confiar en que, si trabajas, ya verás cómo vuelves”, recomienda.
Ayuso no ha sufrido lesiones tan importantes como la que paró a Cazorla, pero sí apunta a otro tipo de contratiempos.
“Hay lesiones que te acompañan en el día a día y levantarte con dolor hay veces que se hace muy complicado”, subraya Ayuso. También destaca la importancia de aprender a relativizar situaciones personales que afectan en lo laboral: “Aprendes a llevarlo. Te apoyas en tu familia y en profesionales”.
Cazorla y Ayuso definen a la selección española como una mezcla de juventud, experiencia y talento. A estas cualidades añaden otros dos elementos: competitividad y capacidad para poner las habilidades individuales al servicio del equipo.
Cazorla muestra una gran confianza en esta selección. “Entre la jugadora que entre, va a darlo todo”, asegura.
En este sentido, Ayuso destaca la buena disposición de las jugadoras a adaptarse a lo que requiere la selección: “En los clubes, cada una tiene un rol y aquí te tienes que adaptar a otro. Y la gente lo hace, lo hace sin ningún problema”.
De cara al Mundial, ambas coinciden en señalar la importancia de pensar partido a partido, especialmente en un grupo donde juega la selección anfitriona, Alemania. “Para mí, los tres rivales más peligrosos ahora mismo son los tres de nuestro grupo: Alemania, Japón y Mali”, señala Cazorla.
Para Aina Ayuso, creer en el baloncesto significa “creer en la vida, la diversión y el compañerismo”. Maite Cazorla añade creer en valores como “la ilusión y el trabajo”.
Marta Fernández completa la reflexión con una mirada construida a lo largo de los años: cuando pasa el tiempo, los resultados y los títulos dejan paso en el recuerdo a las personas que la acompañaron el camino.
Fuera de la pista, las historias de Ayuso y Cazorla muestran otra forma de liderazgo: la capacidad de avanzar sin tener todas las respuestas, adaptarse sin perder la identidad y ayudar a que el resto de las personas que componen el equipo también puedan dar lo mejor de sí mismas.


