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Sara Andrés y Daniel Stix se convierten en entrenadores escolares por un día
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Reunidos en corro en el patio del colegio, un grupo de alumnos de entre ocho y doce años se prepara para su clase de educación física con un profesor que no es el habitual.
Saben que el sustituto es medallista, pero no tienen más detalles de quién entrenará hoy con ellos.
“¿Cuántas medallas crees que ha ganado?”, pregunta una de las alumnas al resto. “Quince”, responde uno de los niños. “Bueno, es una sorpresa”, apunta otra joven deportista.
En ese momento hace su entrada Sara Andrés (Madrid, 1986), atleta paralímpica. “¡No tiene piernas!”, exclama sorprendido un niño cuando la ve a lo lejos. “Cállate”, le replica un compañero.
Sara perdió los pies en un accidente de tráfico en 2011. Tras un proceso de recuperación psicológica y física, se fue adaptando a la nueva realidad y el deporte le sirvió como válvula de escape.
Compitió en los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro 2016. Fueron sus primeras paralimpiadas y obtuvo un diploma en la prueba de los 400 metros lisos —también participó en las pruebas de 100 y 200 metros—.
Desde Río, también ha competido en Tokio 2020 y París 2024, fue doble medallista de bronce en el Mundial de Londres de 2017 y subcampeona del mundo de 100 metros en París en 2023.
Su experiencia como docente en el pasado hace que desde que tuvo el accidente cuente cómo vive con su discapacidad para alejarlos de los prejuicios iniciales que puedan tener.
“Muchos de mis alumnos tuvieron miedo cuando me vieron. Luego es verdad que se les pasó rápido, pero al principio no lo entienden porque nunca han visto a nadie con prótesis”, dice la atleta.
Antes de empezar el calentamiento, la velocista explica a los jóvenes deportistas que tiene dos tipos de prótesis: una para caminar y otra que usa para el atletismo. Y emplea un símil para hacer ver a los pequeños que no hay tanta diferencia entre ella y ellos: les dice que, así como cualquier persona se quita los zapatos para dormir, ella lo que hace es quitarse la prótesis antes de acostarse.
“Las preguntas más frecuentes suelen ser cómo duermes con las prótesis, si te duchas y bañas con ellas, si te duelen y si puedes estar todo el día con ellas… También qué te ha pasado o dónde están tus pies”, cuenta la deportista.
Durante la clase, van en carrera subiendo y bajando las piernas mientras sostienen una barra con las manos y por encima de la cabeza o saltan obstáculos, entre otros ejercicios. Al terminar, Sara Andrés se muestra satisfecha porque ha percibido que los niños la han conseguido ver sin limitaciones.
Es maravilloso que tú te olvides de que tengo una discapacidad porque yo también me olvido
Sara Andrés
Tres veces ganadora de medalla olímpica“Es maravilloso que tú te olvides de que tengo una discapacidad porque yo también me olvido. En cinco minutos, los niños entienden lo que ha ocurrido y su cerebro pasa a la curiosidad y a divertirse. Y los adultos tendemos a entender muy bien la situación, cuesta más y hay más prejuicios. Deberíamos aprender de ellos esa resiliencia, esa capacidad de amoldarnos y de ver las cosas positivas muy rápido”.
“Aprendemos que no hay que rendirse en la vida”, extrae como moraleja uno de los estudiantes al final del vídeo. Y eso es lo que hace Sara Andrés: marcarse nuevos retos constantemente. El siguiente, participar en los juegos de Los Ángeles de 2028.
“Aunque quedan tres años, el objetivo más importante son Los Ángeles. Los vamos a luchar. Entre medias vamos a tener un europeo y un mundial el año que viene y el siguiente, que también son importantes”, concluye.
Los alumnos de Sara Andrés en esta clase especial de educación física no fueron los únicos en sorprenderse.
Una experiencia similar vivieron los siete miembros de un equipo infantil de baloncesto, a los que habían anunciado que un deportista de élite iba a dirigir el entrenamiento ese día, pero desconocían quién era.
- “Creo que ya sé quién es”.
- “De la selección española”.
- “Tengo muchos nervios ya…”.
De repente, el jugador del equipo de baloncesto Club Deportivo Ilunion y medalla de plata en los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro 2016, Daniel Stix (Madrid, 1997), entra en la cancha.
- “¡Hala! Va en silla de ruedas…”, exclama uno de los niños.
“Os he estado viendo por ahí y tiráis bastante bien todos, ¿eh?”, dice Stix mientras se acerca al grupo.
Stix nació con un neuroblastoma congénito. En un año y medio recibió ciclos de quimioterapia y tuvo que pasar varias veces por quirófano.
Su madre pronto se dio cuenta de que Daniel era muy activo y que tenía que hacer deporte. Tras acudir a diferentes entidades, el hoy deportista de élite empezó con natación por recomendación médica.
Con el paso del tiempo, optó por el deporte en equipo y a los nueve años empezó a entrenar al baloncesto en silla de ruedas. En 2011, con 14 años, lo ficharon del CD Ilunion y hasta hoy.
“El deporte es una plataforma que nos permite desarrollarnos y demostrarnos a nosotros mismos de lo que somos capaces. La discapacidad, por definición, significa tener menor movilidad, pero eso no implica que no puedas hacer muchísimas cosas y, aquí, el deporte se convierte en un vehículo perfecto para plasmar esos valores”.
En estos términos habla Daniel Stix sobre el deporte, un profesional que abrazó esta nueva faceta de entrenador infantil de baloncesto con muchas ganas y que, al igual que Sara Andrés, destacó la facilidad de normalización que tienen los niños.
Stix asegura que los humanos tenemos “muchísimo miedo a lo desconocido”. Por eso cree que es “impresionante” ver cómo algo como la discapacidad se puede tomar “con tanta naturalidad” cuando no tienes ese miedo incorporado.
Los humanos tenemos miedo a lo desconocido. Es impresionante ver cómo algo como la discapacidad se puede tomar con tanta naturalidad cuando no tienes ese miedo incorporado.
Daniel Stix
Baloncestista profesional y ganador de medalla olímpica de plata“Ha sido una experiencia muy bonita, muy enriquecedora y, seguro, muy útil para las próximas generaciones”, afirma tras convertirse en entrenador de infantil por un día.
Tras la sorpresa inicial y las primeras preguntas, el deportista explica a sus alumnos que la única diferencia entre ellos y él es que en vez de utilizar las piernas hace uso de la silla de ruedas. “Pero, si chocan, ¿qué pasa?”, pregunta uno de los niños. “Te puedes caer. Y si te caes, ¿qué pasa?”, pregunta Stix. “Que te haces daño”, responde otro joven. “Y te levantas”, añade el jugador de baloncesto del Ilunion.
Durante el entrenamiento, practican el pase, el tiro, prueban a entrar a canasta mientras el profesional defiende.
Stix pregunta a sus alumnos si quieren probar y practicar desde la silla y todos responden que sí. “Es muchísimo más difícil tirar sentado que de pie, entonces tiene mucho más mérito”, dice una de las niñas. “Es un ejemplo de motivación porque se ha ido esforzando y ha conseguido sus metas”, cuenta la joven más adelante.
En menos de 50 minutos, este grupo de alumnos ha interiorizado lo que es hacer deporte junto a un deportista con discapacidad. Y en ese tiempo han pasado de la sorpresa a la normalización, de las preguntas a la admiración.
“No me lo esperaba nada, pero nada”, confiesa uno de los jóvenes jugadores minutos después del entrenamiento que mantuvieron con el también campeón de una Champions, 10 Ligas, 11 Copas del Rey y dos Supercopas de baloncesto en silla de ruedas. “Me ha explotado la cabeza”, dice otro niño.
Para estos 14 deportistas de entre ocho y doce años, las clases con Sara Andrés y Daniel Stix fueron una muestra de que en la vida y en el deporte todo es posible cuando se lucha por alcanzar un objetivo, aunque haya que superar barreras.
En menos de una hora, tiempo que dura un entrenamiento y una clase de educación física, muchos de los prejuicios que los niños comentaron durante la jornada se habían disipado. O, simplemente, los alumnos aprendieron que los que, a priori, parecen muy diferentes al final son iguales.
Con Profesores de Inconformismo, CaixaBank pretende visibilizar el deporte paralímpico, que solo ocupa un 1 % de la cobertura mediática, así como apoyar e impulsar la diversidad y la inclusión uniendo a deportistas de élite con discapacidad y a jóvenes estudiantes durante un día.