Beatriz López dirige un centro de referencia en salud visual en Tarancón después de superar múltiples adversidades
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Hay historias de emprendimiento que nacen de una idea brillante. Otras, de detectar una oportunidad de negocio. Y algunas nacen, simplemente, de la necesidad de seguir adelante cuando la vida pone obstáculos inesperados. La de Beatriz López pertenece a esta última categoría.
Con apenas 36 años tomó una decisión que habría hecho dudar a cualquiera: asumir el traspaso de la óptica donde trabajaba justo cuando atravesaba uno de los momentos más complejos de su vida familiar y económica. Lo que comenzó como una apuesta arriesgada acabó convirtiéndose en un proyecto empresarial que hoy da empleo a varias personas y ayuda cada día a pacientes de toda la comarca de Tarancón.
Su trayectoria, compartida en el pódcast Emprender en femenino , de Play Podcast y Radio Castilla-La Mancha con la colaboración de CaixaBank, es un ejemplo de resiliencia, liderazgo y espíritu emprendedor.
La historia de Beatriz comienza cuando apenas tenía 11 años y perdió a su madre a causa de un cáncer. Como hermana mayor de cuatro hermanos, tuvo que asumir responsabilidades que no correspondían a una niña de su edad.
Poco después la familia volvió a crecer, pasando a ser seis hermanos en total. Aquella realidad la obligó a madurar antes de tiempo y a desarrollar una capacidad de adaptación que terminaría marcando toda su vida.
“La vida me enseñó a cuidar de los demás muy rápido”, recuerda. Una experiencia que acabaría definiendo también su manera de entender su profesión.
Aunque inicialmente soñaba con estudiar Medicina, el destino la llevó por otro camino. Tras dejar temporalmente los estudios y comenzar a trabajar en una heladería, una antigua profesora le ofreció la posibilidad de incorporarse a la óptica familiar en la que trabajaba. Aquel cambio de rumbo transformó su vida.
Descubrió que ayudar a las personas a ver mejor también tenía un impacto directo en su bienestar y en su calidad de vida. Esa experiencia despertó una vocación que terminaría llevándola a estudiar Optometría, pero antes de completar la carrera tuvo que afrontar nuevos golpes personales que pusieron a prueba su fortaleza.
Mientras estudiaba, Beatriz perdió también a quien se había convertido en una figura fundamental para ella: la segunda esposa de su padre. Poco después falleció su padre. Con hijos pequeños, hermanos a su cargo y una carrera universitaria por terminar, estuvo a punto de abandonar. Pero no lo hizo.
Terminó sus estudios con excelentes resultados y continuó trabajando en aquello que realmente le apasionaba: mejorar la vida de otras personas a través de la salud visual.
Años después, cuando parecía haber recuperado cierta estabilidad, llegó la crisis económica de 2008-2009 y un nuevo desafío familiar.
Fue entonces cuando apareció una oportunidad inesperada. El propietario de la óptica en la que trabajaba decidió jubilarse y ofreció el negocio a sus empleados, pero la propuesta llegó en el peor momento posible para Beatriz.
La situación económica familiar era complicada y asumir el traspaso implicaba afrontar una importante inversión y asumir riesgos financieros significativos.
Sin experiencia empresarial previa y con numerosas responsabilidades familiares, Beatriz tuvo que decidir si dejaba pasar la oportunidad o apostaba por su sueño. Eligió lo segundo gracias al apoyo de sus hermanos, cuya confianza resultó decisiva.
Los comienzos de la aventura emprendedora de Beatriz fueron modestos. El negocio arrancó en un local pequeño, con recursos limitados y una enorme dosis de ilusión.
La actividad combinaba optometría, audiología y los primeros pasos en terapia visual, una especialidad que con el tiempo se convertiría en una de las señas de identidad del proyecto.
Paralelamente, Beatriz fue aprendiendo las habilidades necesarias para gestionar una empresa : financiación, crecimiento, organización de equipos y planificación estratégica.
El proyecto comenzó a crecer y eso le permitió tomar una nueva decisión empresarial: trasladarse a un espacio mucho mayor que permitiera ampliar servicios y ofrecer una experiencia más completa a los pacientes.
Hoy el proyecto se ha convertido en un centro especializado que integra distintas áreas relacionadas con la salud visual y auditiva. El equipo está formado por optometristas, especialistas en audiología y profesionales que trabajan conjuntamente para ofrecer una atención integral.
Además, Beatriz consiguió algo que le hacía especial ilusión: incorporar a su hija al proyecto. Juntas participaron en el diseño y desarrollo de un espacio pensado para mejorar la experiencia de los pacientes, especialmente de los más pequeños.
Uno de los ejemplos más originales es el llamado «gabinete del espacio», una consulta tematizada que transforma la revisión visual infantil en una experiencia lúdica basada en la exploración espacial.
Aunque dirige un amplio equipo, Beatriz sigue manteniendo un fuerte vínculo con la atención directa a los pacientes. Su especialidad es la terapia visual infantil. A través de programas específicos, ayuda a niños con dificultades relacionadas con el aprendizaje, la coordinación visual o determinados problemas de rendimiento escolar.
Ver la evolución de esos pacientes es, según explica, una de las mayores recompensas de su profesión. Las cartas, dibujos y muestras de cariño que recibe de los niños forman parte de los recuerdos que más valora de su trayectoria.
El 2020 parecía el inicio de una nueva etapa. El nuevo centro ya estaba funcionando, las instalaciones estaban terminadas y el proyecto avanzaba según lo previsto. Entonces llegó la pandemia.
Como muchos otros empresarios, Beatriz vivió momentos de enorme incertidumbre. Las inversiones realizadas y las obligaciones financieras hacían que el futuro resultara especialmente preocupante.
Aprovechó aquellos meses para desarrollar procesos internos, definir protocolos y fortalecer la organización del centro. También impulsó iniciativas destinadas a mantener el vínculo emocional con pacientes y trabajadores. Entre ellas, una acción muy especial: reunir dibujos realizados por niños durante el confinamiento y convertirlos en un gran mural visible desde el exterior de la óptica. Al año siguiente, el negocio volvió a crecer.
Aunque nunca había planificado desarrollar su carrera en Tarancón, hoy considera que la localidad ha sido clave en su trayectoria.
Su apuesta por la especialización, la calidad asistencial y la cercanía con los pacientes ha convertido el centro en un referente capaz de atraer usuarios incluso desde otras localidades y áreas próximas a Madrid.
Una demostración de que los proyectos innovadores también pueden crecer lejos de las grandes ciudades.
La historia de Beatriz refleja una realidad que comparten muchos emprendedores: la ilusión y el esfuerzo son imprescindibles, pero también lo es disponer de financiación para transformar una idea en una empresa viable.
A lo largo de su trayectoria tuvo que afrontar distintas fases de inversión, ampliación y crecimiento que requirieron apoyo económico para hacerse realidad.
Una experiencia que conecta con una de las conclusiones más repetidas por expertos y emprendedores: detrás de cada proyecto de éxito suele haber una combinación de preparación, perseverancia y acceso a recursos financieros adecuados.
Durante el episodio, Lola Yepes, responsable comercial de MicroBank , recordó que las mujeres siguen enfrentándose a barreras específicas a la hora de emprender.
La conciliación familiar, la falta de referentes o una mayor percepción del riesgo son algunos de los factores que pueden dificultar la puesta en marcha de nuevos proyectos.
Aun así, la tendencia es positiva. Cada vez más mujeres deciden desarrollar sus propias iniciativas empresariales y buscar oportunidades de crecimiento profesional a través del emprendimiento.
Historias como la de Beatriz demuestran que, incluso cuando el camino parece especialmente complejo, la determinación y la capacidad de adaptación pueden marcar la diferencia.


