CaixaBank AM explica cómo combinar renta fija, alternativos UCITS y metales preciosos para crear carteras más resilientes
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Diversificar una cartera significa combinar activos y estrategias que reaccionen de forma distinta ante un mismo escenario y que vayan más allá de la renta variable y la renta fija.
Conflictos geopolíticos, dudas sobre el crecimiento, inflación, evolución de los tipos de interés y unos mercados de renta variable cada vez más concentrados. El inversor afronta un escenario en el que la diversificación vuelve a cobrar protagonismo no solo para maximizar las ganancias, sino, sobre todo, para minimizar pérdidas y construir carteras más resilientes.
Eso sí, los tiempos en los que bastaba con combinar renta variable con renta fija con más o menos acierto para conseguir esa diversificación ya no existen. Hoy, el mercado exige ir más allá de la tradicional combinación de activos.
De cómo construir carteras capaces de desenvolverse en este entorno habla Jorge Hernández, director de Investment Solutions en CaixaBank AM, en una nueva entrega de “Un café con…”.
“Diversificar hoy ya no significa tener muchas cosas en la cartera, significa tener fuentes de rentabilidad que respondan de forma positiva a distintos escenarios”, explica Hernández.
Esta reflexión cobra especial relevancia después de un ciclo en el que buena parte de las rentabilidades que se han visto en los últimos años en renta variable se ha concentrado en un reducido número de industrias y compañías.
Ante esta situación, Hernández apuesta por buscar ideas que complementen las exposiciones que muchas carteras ya incorporan de manera automática solo por tener como referencia a determinados índices. Esto puede reducir el exceso de concentración en pocos valores y/o sectores y responder mejor ante escenarios diferentes.
Otro de los grandes cambios que se han visto en los últimos años está precisamente en el papel que ha jugado la renta fija dentro de las carteras. Durante años ha funcionado como amortiguador natural frente a los episodios de caídas de la renta variable, pero ahora esa descorrelación con respecto a los activos de riesgo no siempre se produce.
La desglobalización, el mayor control de las cadenas de suministro y el incremento de los riesgos geopolíticos introducen más incertidumbre sobre la inflación y también sobre la capacidad de los tipos de interés para actuar como diversificador.
“No quiere decir que ya no podamos contar con la renta fija para diversificar carteras, solo que no podemos decirle que haga todo el trabajo”, aclara Hernández.
Es decir, hay que ser algo más selectivo para poder identificar esas oportunidades en el mercado de deuda que no solo añadan rentabilidad a las carteras, sino que también las diversifiquen. Por ejemplo, en el contexto actual en renta fija, la gestora pone el foco en los tramos cortos de las curvas, donde identifica una combinación atractiva de rentabilidad y calidad.
La consecuencia de estos cambios que se han producido tanto en renta variable como en renta fija es clara: si las descorrelaciones tradicionales son menos estables, la construcción de carteras necesita incorporar nuevas fuentes de diversificación.
“Necesitamos ampliar la caja de herramientas de los diversificadores”, afirma Hernández.
Entre esas herramientas, señala las estrategias de gestión alternativa UCITS (Organismos de Inversión Colectiva en Valores Mobiliarios, por sus siglas en inglés), incluyendo estrategias de correlación, volatilidad o CTA (derivados financieros a corto plazo, por sus siglas en inglés), que pueden funcionar como coberturas dentro de las carteras. También destaca el papel de los metales preciosos como posibles descorrelacionadores en escenarios de mayor incertidumbre.
El objetivo no es acumular activos diferentes, sino incorporar verdaderos motores de rentabilidad que puedan reaccionar de manera distinta ante un mismo escenario de mercado. Esa es, precisamente, la diferencia entre tener una cartera con muchos componentes y tener una cartera realmente diversificada.


