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Los fondos sostenibles apuestan por el impacto social y ambiental junto a la rentabilidad financiera. Así es como lo hacen
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Más allá de los números, inversores de todo el mundo han comenzado a examinar otros factores a la hora de decidir dónde colocan su dinero. Ahora, también buscan cuidar del planeta y de sus habitantes a través de sus inversiones. Los fondos sostenibles son una de las herramientas que les ayudan a conseguirlo.
¿Cómo es esto posible? ¿Qué tiene que ver invertir con el cambio climático o el futuro de la sociedad? La respuesta hay que buscarla en la inversión socialmente responsable (ISR), que es aquella que tiene en cuenta, junto a la rentabilidad financiera, aspectos medioambientales, sociales y de buen gobierno (ESG, por sus siglas en inglés) al seleccionar sus activos.
Los fondos de inversión sostenibles son productos que invierten en compañías que, además de cumplir con una serie de criterios financieros, lo hacen también con otros vinculados a la Inversión socialmente responsable. Esto significa que buscan una doble rentabilidad financiera y sostenible.
Se trata de productos financieros muy populares: según la última encuesta Morgan Stanley Sustainable Signals, hasta el 92 % de los inversores a nivel global tiene interés en la inversión sostenible, cuatro puntos porcentuales más que en 2025. Además, tres cuartas partes de los entrevistados reconocen tener algún grado de exposición a inversiones sostenibles.
Es una tendencia que se enmarca dentro de la creciente aceptación de las conocidas como finanzas sostenibles, que incluye inversión y financiación.
Según el último Estudio Spainsif 2025 , a cierre de 2024, la inversión socialmente responsable alcanzó en España los 238.244 millones de euros, sobre un total gestionado de 423.112 millones (un 43%), con un incremento anual de aproximadamente 1.350 millones de euros respecto a 2023.
¿Cuál es la causa de este crecimiento? Sin duda, cuando hablamos de inversión, una de las principales razones es que estos fondos aseguran al inversor que su dinero apoya proyectos y empresas responsables con el planeta y la sociedad: solo incluyen en su cartera valores de compañías que cumplen con determinados criterios sostenibles.
Esta selección la pueden hacer de muchas maneras: desde excluir a compañías que participan en determinadas actividades contrarias a la sostenibilidad a incorporar a aquellas que mejor rendimiento demuestren en determinados factores ESG o centrarse en otras cuya gestión beneficie un aspecto determinado. Por ejemplo, la lucha contra el cambio climático, la transición energética o el desarrollo sostenible de las comunidades.
Eso sí, no se puede olvidar que la ISR no deja de ser una inversión, por lo que su prioridad también es la rentabilidad financiera.
Este es un objetivo que persiguen los fondos sostenibles y que encuentra un importante aliado en su atractiva relación entre rentabilidad y riesgo.
De hecho, uno de los puntos fuertes de los fondos sostenibles es que invierten en empresas que otorgan una gran importancia a la gestión de riesgos ESG.
Se trata de compañías que se ven menos expuestas, por ejemplo, a un problema reputacional causado por un vertido contaminante accidental o por problemas con las comunidades de los lugares donde operan.
Esa gestión más completa de los riesgos procede precisamente del interés de las compañías por cumplir con los criterios ESG, una práctica que les abre la puerta a recursos financieros a los que, de otro modo, no podrían acceder.
La mayor resiliencia de las compañías que suelen conformar las carteras de los fondos sostenibles quedó patente durante la explosión de la pandemia de COVID-19, que en 2020 puso a prueba a empresas de todo el mundo.
Entonces, MSCI ya reportó un mayor rendimiento de sus índices vinculados a factores ESG respecto al de su índice de referencia, MSCI ACWI, durante aquellos primeros meses de pandemia.
Si contemplamos la evolución concreta de la cotización del índice sostenible MSCI World Selection y la de su índice de referencia, MSCI World en los últimos años, veremos que ha transcurrido en paralelo, con el índice ESG superando ligeramente al de referencia.
Todo esto refleja una realidad patente: los inversores que incorporan fondos sostenibles en sus carteras no sacrifican rentabilidad financiera por aplicar criterios ESG.
Más allá de su rendimiento, los fondos sostenibles tienen por delante un futuro prometedor. Esto se debe a que resultan especialmente atractivos para nuevos segmentos de inversores que se comienzan a unir a los tradicionales.
Según los datos del último Barómetro del Ahorro del Observatorio Inverco , el 24 % de los ahorradores españoles invierte ya en fondos que aplican criterios de sostenibilidad. Si nos fijamos en los inversores más jóvenes, hasta uno de cada tres (33 %) de los que invierten en fondos incluyen opciones con criterios ESG.
Este especial atractivo de la inversión sostenible entre las generaciones más jóvenes es global. Así lo refleja también Morgan Stanley: la entidad revelaba en 2025 que los inversores millennials y generación Z están especialmente interesados en invertir en empresas o fondos que buscan obtener rendimientos financieros a precio de mercado, considerando al mismo tiempo resultados sociales y medioambientales positivos.
Estas cifras ponen de relieve la conexión de los fondos sostenibles con los valores e inquietudes de las generaciones más jóvenes.
La encuesta Youth Pulse 2026 del Foro Económico Mundial habla de una generación pragmática que conecta la resiliencia económica con la sostenibilidad medioambiental. Según este organismo, los jóvenes consideran la acción climática un factor fundamental para construir un futuro seguro y próspero.
Las buenas perspectivas de la inversión socialmente responsable tendrán, sin duda, una gran rentabilidad para el planeta.
Productos como los fondos sostenibles forman parte de esa financiación que requiere la lucha contra el cambio climático, el desarrollo de fuentes de energía respetuosas con el medioambiente o la estabilidad de personas, empresas y gobiernos de todo el mundo.
El poder de invertir en fondos sostenibles reside, precisamente, en la capacidad que tienen estos productos para animar a las empresas a incorporar factores ESG a su gestión y acceder así a una fuente de financiación cada vez más importante, un poder que los inversores pueden ejercer ahora gracias a estos productos.