Más de 440 voluntarios de CaixaBank acompañan a niños en la lectura para abrirles la puerta a un futuro lleno de oportunidades
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En las páginas de un cuento caben muchos personajes. Hay caballeros y dragones, viajes al espacio, brujas tenebrosas, piratas con patas de palo y, sobre todo, personas en las que inspirarse para tener una vida y una sociedad mejor.
Un espejo en el que mirarse que, para muchos niños y niñas, se emborrona por las dificultades de comprensión. Por eso, más de 440 voluntarios de CaixaBank participaron en el pasado curso académico en actividades de acompañamiento a la lectura, mejorando el rendimiento académico de un total de 8.827 niños de entre 9 y 12 años con nombre y apellidos.
Ahora arranca un nuevo curso y Mayte Fernández que fue, hace cinco años, una de las pioneras del programa en León vuelve a sumar todo su tiempo y cariño a esta iniciativa. Desde entonces, durante todos los cursos escolares, dedica dos horas de su semana a ayudar a niños a mejorar sus habilidades de lectura.
“Cuando alcanzan la ESO, muchos tienen problemas de aprendizaje, y realmente es porque hacen una lectura sin comprender y no pueden estudiar”, explica Mayte. “De lo que se trata es de que, cuando leemos un texto con ellos, les hagamos preguntas y vayan comprendiendo”, afirma.
Las cifras le dan la razón: en España, un tercio de los alumnos que llegan a Secundaria lo hacen sin adquirir las competencias lectoras de su edad. El informe PISA 2025 advierte, también, de que “los estudiantes tienen dificultades con textos de más de 400 palabras”.
Mayte insiste en que la capacidad de leer y comprender lo leído es una herramienta importante que previene, además, el abandono escolar: “Los preparamos para que, cuando lleguen más adelante y sus estudios sean más importantes, tengan las habilidades necesarias”.
Preparamos a los niños para que cuando sus estudios sean más importantes tengan las habilidades necesarias
Mayte Fernández
VoluntariaLas entidades en las que Mayte hace su voluntariado son la asociación leonesa Simone de Beauvoir , con la que acompaña a niños de familias monoparentales encabezadas por mujeres, víctimas de violencia de género y en riesgo de exclusión social, y la asociación Auryn , que presta servicios sociales para la infancia y la juventud. Dos entidades muy diferentes, pero con casos similares en los que los pequeños necesitan un poco de apoyo.
Este acompañamiento mezcla en cada lección de lectura las vidas de los voluntarios con las de los menores, generando vínculos únicos. “Llevo varios años con un mismo chico, Aarón”, cuenta Mayte. “Cuando empecé con él tenía ocho años y no sabía leer nada. Él deletreaba, sabía solo las sílabas: «ma-ña-na». Y, además, se movía todo el rato”. Poco a poco, hicieron buenas migas, y, en clase, le hicieron hacer un trabajo sobre un libro.
Escogió rápidamente el último que habían leído juntos. “Es un libro que no se leyó en una semana, ni a lo mejor en un mes... Pero me dijo, «Mayte, este libro a mí me gustó, pero a ti te gustó más aún». Tiene que existir ese esfuerzo de tiempo. Yo no tengo mejor alumno que él”.
La provincia de Tarragona está a la cabeza a nivel nacional en este programa de Voluntariado CaixaBank . Más de un tercio de los beneficiarios del programa se localizan en la provincia, acompañados por 170 voluntarios a lo largo de todo el pasado curso. Una de ellas es Mireia Cadenet, de El Vendrell, que se adentró en el mundo del Voluntariado este último año en el proyecto Lecxit .
“Una vez a la semana, voy al colegio e intento fomentar la lectura y la comprensión oral en catalán con el niño que se me ha asignado”. Es polaco, y en su casa hablan ese idioma y el ruso con su abuela, por lo que, explica Mireia, ha tenido alguna dificultad para integrarse completamente.
“En el colegio la lengua vehicular es el castellano, y el catalán le cuesta un poco. El niño habla muy bien inglés, pero tantos idiomas son muchos”, cuenta.
El programa aúna el ocio con aprender, intentando convertir la educación en algo divertido para que los niños disfruten. Mireia insiste en la necesidad de hacerlo atractivo: “Después de sus clases cuando termina el colegio, es difícil para ellos quedarse todavía una hora más para aprender a leer en otro idioma más. Hay días que leemos mucho, pero, si está muy cansado, hacemos juegos o crucigramas. También hacemos mucha conversación, para fijar el idioma”.
A lo largo del curso hubo bastantes avances, y su relación fue cada vez más cercana, aseguraba Mireia. “Al principio, los dos íbamos con discreción, pero al final del año ya nos conocíamos y hacíamos bromas. Nos volvimos cómplices, y ya intuía el día que estaba mal o si necesitaba algo. Al final, le dije: Si tú vuelves el año que viene, yo también volveré contigo”. Y todo apunta a que este curso volverán a leer juntos una tarde a la semana.
Manu Delgado, por su parte, lleva dos cursos escolares dedicando buena parte de sus tardes al acompañamiento a la lectura, en su caso con la Fundación Ítaca de Escolapios .
En Bilbao se da un caso similar al de Tarragona: muchos de los pequeños llevan apenas unos meses en el país y se enfrentan a un desafío múltiple, lidiando simultáneamente con el castellano y el euskera en su vida cotidiana.

“He acompañado a cuatro niños, dos de origen africano, uno de Sudamérica y otro de Europa del Este. Nos focalizamos en el castellano, y vamos haciéndolo menos complejo”, explica el voluntario.
Para él, el secreto radica en adaptar las lecturas a los intereses de cada niño para captar su atención, desde el fútbol hasta el cine. "Tienes que intentar llegar a ellos a través de actividades que les puedan gustar. A partir de ahí, empiezas con lecturas más sencillas, con cuentos, y vas pasando a cosas más complicadas. Es maravillosa la velocidad con la que progresan", detalla sobre un proceso donde la concentración es un reto diario.
Es maravilloso ver la velocidad con la que los niños progresan
Manu Delgado
VoluntarioEl espacio de lectura, programado tras la jornada escolar, requiere un gran nivel de empatía por parte de los voluntarios. Los menores llegan cansados y con ganas de jugar, lo que obliga a tirar de paciencia para reconducir la sesión.
Manu relata entre risas sus estrategias con Aiman y Estepan: "Cuando se quieren mover más, empiezan a inventarse de todo: 'me voy al baño', empiezan a ver todos los dibujos que hay por el aula. Tienes que compaginar esa labor de intentar progresar en la lectura con estos niños cuando leer no es su mayor interés en este momento".
Pese a las dificultades iniciales, los avances llegan y la recompensa supera el esfuerzo invertido. A través de pequeñas victorias diarias, el vínculo mutuo que se crea transforma tanto al alumno como al voluntario.
"A veces la reflexión interna te dice: ¿qué estoy haciendo? ¿Estoy haciendo algo altruista o es por puro egoísmo? Porque cuando salgo de ahí, me da una paz interior y un estado de ánimo que no sabes identificar", confiesa Manu sobre el impacto transformador de estas dos horas semanales.
Acompañar a un niño en el viaje de la lectura es mucho más que descifrar letras sobre un papel; es enseñarle a sostener el mapa con el que navegará por el mundo. En ese ratito compartido cada semana, entre risas, paciencia y algún que otro truco para no perder la concentración, se construye una complicidad capaz de derribar cualquier barrera idiomática o social.
No solo se aprende a comprender un texto, sino a ganar la confianza necesaria para descubrir que las palabras también les pertenecen a ellos y que su voz tiene un lugar en cada historia.
Al final, los dragones dejan de dar miedo, los mapas de los piratas se vuelven descifrables y los viajes espaciales ya no quedan tan lejos cuando hay alguien al lado dispuesto a guiar el camino.
Aquel espejo inicial que al principio parecía emborronado por la frustración termina por despejarse por completo, devolviendo la imagen de niños capaces de soñar, aprender y construir su propio futuro.
Porque en cada página leída a medias y en cada victoria compartida, voluntarios y pequeños demuestran que el verdadero hechizo de un libro no está en la magia de sus páginas, sino en la certeza de saber que no lo están leyendo solos.


