Ni es ‘natural’ ni es ‘un achaque’: el alzheimer es una enfermedad que debe ser tratada. Ahora se puede ayudar en su investigación
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El alzhéimer es una de las enfermedades más conocidas y, a su vez, también de las más desconocidas. Un estudio de la Fundación Pasqual Maragall señala que, el 67 % de los españoles tiene contacto cercano con una persona que padece esta enfermedad.
Sin embargo, aún es mucho el desconocimiento general que existe sobre ella: cuánta gente la sufre, cuánta es consciente de ello, cuánta no, hasta qué punto es incapacitante, qué estigmas experimentan los pacientes…
El alzhéimer no pasa precisamente desapercibido entre la sociedad. La encuesta de la Fundación Pasqual Maragall revela que se trata de la segunda enfermedad que más preocupa a los españoles, muy cerca del cáncer. Y si nos centramos en las patologías que más inciden en la salud de las personas mayores, asciende hasta el primer puesto.
Para poner estas cifras en contexto, conviene saber bien cuánta gente sufre dicha enfermedad. El Instituto Nacional de Estadística (INE) cifra en más de 239.000 las personas que padecen alzhéimer en nuestro país . Y se trata de una enfermedad presente en edades tardías y, muy especialmente, en mujeres.
Aquí llega la primera disonancia, ya que la Sociedad Española de Neurología (SEN) estima una cifra mucho más alta, cercana a las 800.000 personas. Podría parecer lógico un ligero desajuste entre las cifras oficiales y las estimadas, pero en este caso es evidente que la distancia es demasiado llamativa. ¿A qué se debe?
La clave está en que "el alzhéimer es una enfermedad claramente infradiagnosticada", cuenta Glòria Oliver, directora general adjunta de la Fundación Pasqual Maragall, que aporta, además, varios motivos por los que se da esta situación. El primero es que "no hay una única prueba donde se pueda determinar que estás sufriendo un proceso de deterioro cognitivo".
El alzhéimer es una enfermedad claramente infradiagnosticada. No hay una única prueba donde se pueda determinar que estás sufriendo un proceso de deterioro cognitivo

Glòria Oliver
Directora general adjunta de la Fundación Pasqual MaragallY es que "hay una combinación de factores”, explica. “En las pruebas diagnósticas, se combina la historia clínica con tests de cognición, pero a veces también con pruebas de neuroimagen, con una punción lumbar y ahora, de forma muy reciente, incluso con los primeros biomarcadores en sangre"
Hay un segundo motivo que explica el infradiagnóstico: "Mucha gente llega a la consulta de forma tardía", afirma Oliver, ya que, durante mucho tiempo, "el alzhéimer se ha considerado una consecuencia natural del envejecimiento. Envejecíamos y era normal desorientarnos o perder la memoria".
Sin embargo, esta 'normalidad' no es cierta. "Hay estudios científicos que demuestran que, aunque los primeros síntomas de pérdida de cognición pueden llegar más tarde, la enfermedad empieza a actuar y a hacernos daño entre 15 y 20 años antes de que aparezcan esos síntomas", cuenta Oliver.
No obstante, "el estigma ha hecho un flaco favor a la investigación, ya que se ha despriorizado la investigación de enfermedades neurodegenerativas vinculadas a la edad”.
La enfermedad empieza a actuar y a hacernos daño entre 15 y 20 años antes de que aparezcan los síntomas
Glòria Oliver
Directora general adjunta de la Fundación Pasqual MaragallPese a las adversidades, Oliver quiere colocar una palabra en el centro de la ecuación: ciencia. "La ciencia nos está dando muchas respuestas y nos puede dar todavía más. Ahora mismo, todos los esfuerzos científicos están puestos en la etapa silenciosa de la enfermedad, en entender cuáles son los factores de riesgo y qué nos está pasando biológicamente en esos 15-20 años. Estamos cambiando el enfoque para detectar antes esos factores y poder intervenir antes".
En el estudio de la fundación señalan algunos de esos factores que habría que tener en cuenta. Entre ellos, tanto los no modificables (antecedentes familiares, edad...) como los modificables (estrés, consumo de alcohol, dieta...).
Del mismo modo, los hábitos de vida saludables también pueden jugar su papel a la hora de prevenir enfermedades como el alzhéimer. Los encuestados de la Fundación señalan la mente activa, el ejercicio y la alimentación, entre otros.
En cualquier caso, la responsabilidad no puede recaer solo sobre los posibles pacientes. "Por desgracia, España no cuenta con cobertura suficiente para esta enfermedad", reconoce Oliver.
"Ahora empiezan a surgir los primeros fármacos contra el alzhéimer, pero en la sanidad pública española no hay nada que pueda tomarse para cambiar el curso de la enfermedad", apunta.
Cierto es que nuestro país dispone de la Ley de Dependencia, pero, en su opinión, "los cortes del estadiaje de la pérdida de autonomía no están del todo bien integrados en el sistema", lo que hace que las familias sufran, ya que "no tienen acceso a esos recursos mínimos que da la ley". Por no hablar de la persona cuidadora, que acaba siendo "el enfermo oculto" del alzhéimer.

Responsabilidades directas aparte, lo cierto es que la lucha contra el alzhéimer es algo que nos concierne a todos como sociedad. Y en esa lucha lleva años inmersa la fundación que dirige Glòria Oliver, que este año, junto a CaixaBank y coincidiendo con el Día Mundial del Alzhéimer (21 de septiembre), lanza ‘La investigación del Alzheimer tiene nombre y apellido’, una campaña para atraer donaciones que promuevan la investigación sobre esta enfermedad.
Este año, por primera vez, la iniciativa se extiende a toda España para ampliar su alcance y aumentar los recursos. Entre el 18 y el 27 de septiembre, cualquier persona puede hacer una donación a través del Bizum de la Fundación Pasqual Maragall (13395) o de su página web y aplicaciones de CaixaBank e imagin. También se difundirá a través de otros canales de la entidad financiera, como sus oficinas, cajeros automáticos y comunicaciones dirigidas a clientes y empleados.
"Nos encantaría recaudar medio millón de euros para poder llevar a cabo proyectos que tenemos entre manos y para los que necesitamos financiación", cuenta Oliver. Todo ello, en definitiva, con un objetivo que, gracias a la ciencia, se transformará en certeza: "Que el alzhéimer acabe siendo una enfermedad del pasado".


