Las jugadoras de la selección explican cómo la química del vestuario, la serenidad y el apoyo ayudan a rendir bajo presión
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Mariona Ortiz y Helena Pueyo afrontan su primer Mundial de Baloncesto Femenino con la selección española después de recorrer trayectorias diferentes: Ortiz debutó con el combinado absoluto a los 30 años y Pueyo lo hizo con solo 23 años.
Sus carreras confluyeron durante dos temporadas en Zaragoza. Aunque ahora vuelven a separarse, todavía les queda un reto juntas: trasladar a la selección el trabajo, la confianza y la conexión que construyeron como compañeras.
Durante el capítulo 4 del videopódcast ‘Creemos en el baloncesto’, Marta Fernández descubre junto a ellas cómo es esta selección y qué esperan del Mundial, pero también la importancia de gestionar expectativas o pedir ayuda cuando es necesaria.
La selección española viene de lograr una plata en el EuroBasket 2025. Es todo un logro para cualquier equipo. Si además ha experimentado un importante relevo generacional, como fue el caso de España, el éxito se convierte en proeza.
Cuando se les pregunta qué hace especial a este equipo, Ortiz y Pueyo destacan la enorme conexión que existe ya entre las jugadoras de la selección. “Estamos creando un gran vínculo y eso también se refleja después en la pista”, explica Pueyo.
A ello contribuye el gran ambiente que se vive en el día a día de esta selección y que permite disfrutar a las jugadoras. “Es un grupo de buenas personas. Es muy importante en un equipo que lo más básico y rutinario te resulte divertido”, puntualiza Ortiz.
Esa unión y la buena predisposición de las jugadoras son factores que hacen crecer al equipo y pueden ser determinantes en el Mundial.
“Uno de nuestros puntos fuertes es la unión que hemos conseguido. Los primeros partidos del verano pasado no tenían nada que ver con los últimos”, recuerda Ortiz. “Yo creo que va a ser igual de especial que el año pasado”, añade Pueyo.
Desde su experiencia compartida en Zaragoza, Pueyo presenta a Ortiz como una figura fundamental dentro del vestuario. “Mariona, como capitana, nos ha sabido sacar de muchos casos”, asegura.
Conjugar los intereses e inquietudes de un grupo diverso es fundamental para Mariona Ortiz. “Viene gente nueva y cada una con un tipo de juego, mentalidad… Se trata de dar mucha importancia al equipo y tener a todo el mundo en una posición donde se sienta importante”, revela.
Con el paso de los años, la serenidad se ha convertido en uno de los valores que Ortiz más aprecia y que ahora trata de transmitir a la selección para ayudar a mantener los pies en el suelo.
Las trayectorias de Ortiz y Pueyo permiten desmontar un prejuicio habitual en el deporte: que todas las carreras deben completar las mismas etapas a una edad similar.
Pueyo avanzó pronto por distintos niveles de la selección. Ortiz, en cambio, llegó a la absoluta con una trayectoria consolidada y tuvo que aprender a observar su camino sin compararlo constantemente con el de otras jugadoras.
“Tuve que soltar expectativas, comparaciones y miedos. Y entender que cada una tiene sus tiempos”, desvela Mariona Ortiz.
Por su parte, Helena Pueyo destaca la responsabilidad que supone vestir la camiseta de la selección en un Mundial al que llega después de una lesión.
En este debut, tiene claro que el grupo será su gran apoyo: “Tenemos muchísimas ganas. Llevamos poco tiempo trabajando juntas, pero hemos hecho ver a la gente de lo que somos capaces”.
Las nuevas generaciones de deportistas conviven con un grado de exposición que no era igual para las anteriores. Cualquier partido puede generar comentarios inmediatos en redes sociales y algunas opiniones negativas acaban llegando a las propias jugadoras.
Cada una afronta esa presión a su manera. “Yo intento que no me afecte”, confiesa Pueyo, “aunque es complicado evitarlo. Trato de pasar de los comentarios negativos, centrarme en la oportunidad que tengo y en disfrutarla. Pensar que, si estoy aquí, es por algo”.
Ortiz plantea una experiencia distinta. Se considera una persona sensible y admite que los comentarios pueden afectarle más en determinados momentos.
“En su momento, yo pedí ayuda cuando vi que las cosas me sobrepasaban”, comparte Ortiz. Desde entonces, mantiene esta herramienta, que considera muy útil.
La selección española afronta el Mundial 2026 con un equipo joven y las expectativas muy altas.
Las jugadoras reconocen la gran oportunidad que tienen delante, pero lo hacen con los pies en el suelo. Eso es precisamente lo que el seleccionador, Miguel Méndez, ha venido inculcando a las jugadoras ya desde el EuroBasket 2025.
“Creo que la filosofía que Miguel quiere que mantenga este equipo es la de ponerse el mono de trabajo”, explica Ortiz. Para ella, el seleccionador les ha animado a ser conscientes de que pueden ganar a cualquiera, pero con la humildad de saber que también pueden perder. “También creo que eso es lo que nos ha hecho ir creciendo”, añade.
Pueyo confía en el buen trabajo del equipo. “Intentaremos demostrar lo que es España y de lo que somos capaces”, promete.
Al preguntarle qué significa para ella creer en el baloncesto, Mariona Ortiz recuerda los Juegos Olímpicos de París 2024. “Nunca me imaginé que llegaría a jugar en unos y, sin embargo, los jugué”, recuerda.
Sobre todo, Ortiz destaca la importancia de creer en ella misma, “por todas las veces que me he caído y he sido capaz de volverme a levantar”. El valor de su trayectoria no se encuentra solo en sus éxitos, sino en la capacidad de continuar después de los momentos complicados.
Helena Pueyo relaciona esa creencia con una certeza: el trabajo y el sacrificio valen la pena. Son ellos los que traen oportunidades como la posibilidad de debutar en un Mundial con la selección absoluta.
“Estoy 100 % agradecida siempre. Para mí estar aquí, con este equipo, ya es un premio. Para mí, esto ya es un oro”, asegura.
El primer Mundial de Ortiz y Pueyo será una prueba deportiva, pero también la continuación de dos historias diferentes. Una ha aprendido a respetar sus tiempos. La otra quiere aprovechar cada ocasión sin dejarse dominar por el ruido exterior. Las une una misma certeza: el talento importa, pero necesita trabajo, apoyo, serenidad y un equipo que acompañe en el camino.


