El campeón paralímpico Iñigo Llopis inspiró a los asistentes al Empower Kids de San Sebastián con una lección de superación
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Hay jornadas que se recuerdan por una medalla, por una victoria o por una foto. Y hay otras que se quedan grabadas por algo mucho más difícil de explicar: la sensación de haber visto a un grupo de 80 niños descubrir que son capaces de mucho más de lo que imaginaban.
Eso es lo que ocurrió en el Empower Kids de CaixaBank celebrado en el Real Club Tenis de San Sebastián. Y que tuvo como gran protagonista al donostiarra Iñigo Llopis.
El campeón paralímpico no llegó como una estrella que viene a contar sus logros. Llegó como alguien que conoce de cerca la frustración, las dudas y el miedo a no estar a la altura. Y quizá por eso conectó con ellos desde el primer minuto. No hubo discursos grandilocuentes. Hubo preguntas, risas nerviosas y miradas de admiración.

Mientras los niños escuchaban su historia, muchos entendían por primera vez que la palabra “dificultad” no tiene por qué ser el final de nada. Llopis habló de entrenamientos interminables, de días malos, de operaciones y de la importancia de seguir adelante incluso cuando nadie está mirando. Pero lo más poderoso no fueron sus palabras, sino la manera en la que las decía: sin dramatismo, con una honestidad que desarma.
En uno de los momentos más emocionantes de la jornada, un niño le preguntó si alguna vez había llegado a pensar que, por su discapacidad, no iba a poder hacer algo. Llopis sonrió y respondió que él siempre ha encontrado la manera de hacer las cosas, tanto en el deporte como en su día a día.
“Todo lo que me he propuesto, he podido hacerlo”, decía. Sin límites. En ese instante el pabellón quedó en silencio. Algunos niños asentían en voz baja, como si aquella respuesta hablara también de sus propios retos, aunque fueran mucho más pequeños.
A medida que avanzaban la charla, se veía algo difícil de medir con números: niños que al principio observaban desde atrás acababan participando; otros que evitaban hablar levantaban la mano; y algunos que llegaban inseguros terminaban con una sonrisa enorme. No era una clase de deporte. Era una lección de autoestima.

Tras la charla fue momento de ir al agua y ver a Iñigo en acción. Algunos de los monitores del Real Club Tenis de San Sebastián comentaban que lo importante no era haber conocido a un campeón, sino que habían conocido a una persona que les hizo sentir que sus propias dificultades no les definen.
Al final de la jornada hubo fotos, abrazos y e incluso regalos en forma de dibujos por parte de algunos de los niños. Pero lo más valioso probablemente no salió en ninguna imagen. Fue la conversación de vuelta a casa, el niño que dijo “yo también puedo intentarlo”, la niña que pidió apuntarse a una actividad nueva sin miedo a nada, o ese pequeño cambio de mirada que solo ocurre cuando alguien te hace creer un poco más en ti mismo.



Porque el verdadero impacto del Empower Kids CaixaBank no está en las horas que dura el evento. Está en lo que queda después.
Y lo que quedó fue una idea sencilla, pero enorme: que cada niño tiene una fuerza que todavía no conoce, y que a veces solo hace falta encontrarse con la persona adecuada para empezar a descubrirla.


