CaixaBank Research cierra el curso y analiza los grandes retos de la economía española en 2026
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Con las vacaciones a la vuelta de la esquina, Economía Exprés, el pódcast de CaixaBank Research , hace balance del curso y repasa algunos de los desafíos estructurales más importantes de la economía, tratados a lo largo del año en sus informes: el envejecimiento de la población, la productividad, el avance de la inteligencia artificial, las tensiones geopolíticas y el cambio climático.
En este episodio, Patricia Esteban y Adrià Morron analizan todas estas claves y el efecto que han tenido a lo largo del curso, dejando un mensaje positivo: aunque los retos que la economía tiene por delante son importantes, existe margen de actuación.
Los economistas de CaixaBank Research tienen claro que la geopolítica se ha convertido en una variable económica de primer orden, con Oriente Próximo en el foco, que nuevamente ha puesto sobre la mesa el riesgo de un shock energético capaz de presionar la inflación y afectar a la confianza económica.
Pese a las amenazas que puedan venir del exterior, la economía española mantiene un comportamiento relativamente positivo y se sitúa entre las economías europeas con mayor crecimiento.
Sin embargo, los buenos datos agregados conviven con una percepción menos optimista por parte de muchos ciudadanos. Para ilustrarlo, Morron compara la situación de 2025 con la de 2007. Mientras el PIB total es casi un 20 % superior, el consumo de los hogares por persona apenas supera en un 1 % los niveles previos a la crisis financiera.
Esa diferencia ayuda a entender por qué muchas personas sienten que su situación no ha mejorado al mismo ritmo que sugieren las estadísticas.
Uno de los grandes desafíos de largo plazo a los que se enfrenta la economía es el envejecimiento de la población: cada vez vivimos más y mejor, pero la natalidad sigue siendo baja.
Este fenómeno modifica la estructura de la población y reduce el peso relativo de las personas en edad de trabajar. Las consecuencias se hacen notar en el mercado laboral, el crecimiento económico, las pensiones, la sanidad y el gasto público.
Para Morron, la inmigración puede aportar parte de solución a este problema, ya que contribuye a aumentar la población activa y a cubrir necesidades laborales en determinados sectores. No obstante, el economista insiste en que cualquier remedio debe ir acompañado de políticas de integración y de medidas que favorezcan la cohesión social.
En este contexto de envejecimiento de la población hay otro elemento que destaca: la productividad , que supone utilizar mejor los recursos disponibles, reducir ineficiencias y aprovechar mejor el talento.
En una sociedad en la que hay menos personas en edad laboral, será necesario que cada trabajador genere más valor. Solo de esta manera será posible sostener el crecimiento económico, mejorar los salarios y financiar servicios públicos de calidad.
El economista también recuerda que el crecimiento económico y la productividad han desempeñado un papel clave en la reducción de la pobreza extrema a escala mundial, transformando las condiciones de vida de millones de personas.
Y para impulsar la productividad, una de las herramientas que más se citan en la actualidad es la inteligencia artificial, una tecnología que se puede aplicar a múltiples sectores y que puede favorecer nuevas innovaciones.
No obstante, este potencial no supone resultados automáticos, ya que para que la IA tenga un impacto positivo es necesario integrarla de forma adecuada en los procesos de trabajo y en las organizaciones y ponerle coto a los riesgos que implica, entre los que Morron cita la desinformación o los ciberataques.
Respecto a la evolución del empleo, la IA puede sustituir ciertas tareas automáticas, complementar otras y generar nuevas ocupaciones.
El último de los desafíos a los que hace alusión el economista durante esta charla es el impacto que el cambio climático está teniendo en la salud, la productividad o sectores como la agricultura o el turismo.
En este último punto puso como ejemplo el caso de España, donde las temperaturas extremas pueden hacer que el país pierda atractivo a ojos de los visitantes extranjeros. Los datos analizados por CaixaBank Research muestran que los turistas que experimentan episodios de calor excepcional durante su estancia tienen una menor probabilidad de regresar.


