Agustina Ramírez convirtió la tradición del ajo en una empresa propia y hoy da empleo a otras mujeres en la España rural
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Hay proyectos empresariales que nacen en una oficina, otros en una universidad y algunos, como el de Agustina Ramírez Castillo, comienzan mucho antes. En su caso, entre ristras de ajos colgadas en las cocinas de Las Pedroñeras (Cuenca), observando cómo sus padres trabajaban la tierra y transformaban un producto tradicional en una forma de vida.
Aquellos recuerdos infantiles acabarían convirtiéndose, años después, en el origen de un negocio propio. Lo que empezó como un aprendizaje familiar ligado al campo terminó transformándose en una empresa especializada en productos relacionados con el ajo y en un proyecto que hoy genera empleo para otras mujeres rurales.
Su historia, compartida en el pódcast Emprender en femenino , de Play Podcast y Radio Castilla-La Mancha con la colaboración de CaixaBank, es también una historia de superación, perseverancia y emprendimiento femenino en el entorno rural.
Agustina creció en una familia agricultora y emprendedora. Su padre había comenzado prácticamente desde cero, trabajando y comerciando con productos agrícolas desde una edad muy temprana. Más tarde, junto a su madre, impulsó un negocio vinculado al ajo, el producto más emblemático de Las Pedroñeras.
Durante años, ella aprendió el oficio desde dentro. Recuerda haber trenzado ajos junto a su abuelo y su padre cuando apenas tenía siete u ocho años. Sin embargo, hacerse cargo del negocio no formaba parte de los planes de quienes la rodeaban.
Cuando su padre se jubiló, fue ella quien decidió asumir la responsabilidad. Pero antes se había formado en administración y gestión, una preparación que le permitió aportar una visión diferente y profesionalizar aspectos esenciales del negocio.
«Yo asumí la gestión», explica. Desde organizar procesos administrativos hasta crear una página web o formarse en nuevas competencias profesionales, fue incorporando herramientas que ayudaron a modernizar la actividad.
Pero el camino que tuvo que recorrer Agustina no fue fácil porque en su travesía encontró dificultades añadidas por el hecho de ser mujer. Muchas personas seguían buscando a su padre. Algunos proveedores o agricultores preferían hablar con él antes que con ella. En ocasiones, ni siquiera la reconocían como responsable del negocio.
Lejos de desanimarse, decidió seguir adelante. Con el paso del tiempo, asegura haber conseguido algo que considera especialmente valioso: respeto. Reconoce que hubo momentos de vértigo y noches difíciles. Sin embargo, también aprendió a convivir con la incertidumbre que acompaña a muchos proyectos empresariales.
La historia de Agustina también pone de manifiesto el papel que puede desempeñar la formación en el desarrollo de un proyecto empresarial.
Gracias a sus estudios en administración y gestión pudo incorporar conocimientos que complementaban la experiencia adquirida en el campo. Esa combinación de tradición e innovación le permitió identificar nuevas oportunidades de negocio y adaptarse a un mercado en constante evolución.
Además de gestionar la producción agrícola, buscó nuevas vías para diversificar su actividad y reducir la dependencia de la temporalidad del cultivo del ajo.
Ese afán de aprendizaje continuo la llevó incluso a convertirse en una de las primeras mujeres de su localidad en obtener determinadas acreditaciones profesionales relacionadas con el sector.
Con el tiempo, el proyecto evolucionó más allá de la comercialización del ajo.
Actualmente, Agustina dirige una tienda especializada en productos vinculados a este cultivo y ha incorporado referencias elaboradas por otras emprendedoras de Castilla-La Mancha. Mermeladas, pistachos, legumbres y diferentes productos locales comparten espacio en una iniciativa que busca dar visibilidad al trabajo de mujeres rurales.
Su apuesta también se refleja en el equipo que la acompaña. Según relata, entre diez y quince mujeres trabajan actualmente en distintas tareas relacionadas con la actividad del negocio.
Para ella, generar oportunidades laborales va más allá de una decisión empresarial. Es una manera de contribuir a que otras mujeres puedan contar con independencia económica y reconocimiento profesional.
Si algo destaca Agustina en su trayectoria es la importancia de rodearse de personas que impulsen los proyectos en lugar de frenarlos.
A lo largo de los años comprobó cómo el apoyo personal puede marcar la diferencia en momentos de incertidumbre. También aprendió que emprender no siempre significa hacerlo sola.
Contar con una red de confianza, un equipo comprometido y personas que crean en el proyecto puede ser determinante para atravesar las etapas más difíciles. Ese aprendizaje forma hoy parte de su forma de entender el liderazgo y la gestión empresarial.
La experiencia de Agustina pone sobre la mesa otro aspecto fundamental para cualquier emprendedor: la financiación.
Convertir una idea en una realidad empresarial requiere recursos económicos y acceso a herramientas que faciliten el desarrollo del proyecto. En este contexto, productos como los microcréditos pueden convertirse en una alternativa para quienes desean iniciar una actividad profesional.
Durante el episodio, Lola Yepes, responsable comercial de MicroBank, el banco social de CaixaBank , explicó que este tipo de financiación está dirigida a personas que desean poner en marcha un negocio y que, en determinadas circunstancias, puede concederse sin necesidad de avales externos al proyecto.
Además de la financiación, estos programas suelen incorporar acompañamiento y asesoramiento para ayudar a definir y validar la viabilidad de la iniciativa empresarial.
La historia de Agustina Ramírez demuestra que el emprendimiento femenino puede convertirse en una herramienta de transformación social, especialmente en los entornos rurales.
Partiendo de una tradición familiar ligada al ajo, ha logrado construir un negocio propio, generar empleo local y dar visibilidad al trabajo de otras mujeres emprendedoras.
Su trayectoria también refleja una realidad compartida por muchas empresarias: la necesidad de demostrar constantemente su capacidad, superar barreras culturales y perseverar incluso en los momentos más complejos.
Una experiencia que recuerda que detrás de muchos proyectos empresariales no solo hay una idea de negocio, sino también una convicción profunda de que es posible cambiar las cosas empezando por el lugar del que uno procede.


