Para Alejandro Álvarez (Rockefeller Philanthropy Advisors) la confianza, la colaboración y la inversión de impacto son esenciales
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"La filantropía existe desde el principio de la humanidad", pero "su alcance es bastante desconocido y, en muchas sociedades, incluso un poco desprestigiada". Quien cuenta esto sabe muy bien de lo que habla. Se trata nada menos que de Alejandro Álvarez, vicepresidente para Europa de la Rockefeller Philanthropy Advisors, que ha compartido su visión sobre el presente y el futuro de la filantropía en una nueva edición de CaixaBank Talks .
En un coloquio bajo el título De "ayudar" a "transformar": nuevos modelos de impacto social , Alejandro Álvarez expuso la receta de lo que, en su opinión, debería ser el siguiente paso que debe dar cualquier modelo de ayuda a los demás: una filantropía más estratégica. Una receta que se cocina a través de varios ingredientes.
Alejandro Álvarez parte de una premisa esencial: "La filantropía siempre se ha entendido como una especie de caridad: hacer una acción puntual en torno a un problema, pero no se dirige al objetivo de erradicar ese problema". Y como la capacidad de resolver los grandes retos sociales mediante la caridad es limitada, "la filantropía con una mirada estratégica se pregunta qué acciones podemos llevar a cabo –y qué recursos podemos desplegar– para tener el mayor impacto posible".
Se trata de buscar "un cambio sistémico" que debe llevarse a cabo a través de lo que él llama 'la acupuntura' de la ayuda: "Encontrando los sitios y los problemas concretos en los que la ayuda puede impactar más. Si nos preocupa la sanidad o la educación en África, por ejemplo, preguntémonos qué factores hacen que los niños no tengan acceso a esa sanidad o a esa educación. Porque normalmente hay muchos factores: culturales, sociales... Mapeemos eso, identifiquemos las causas e identifiquemos en qué puntos del sistema nuestras intervenciones pueden tener más impacto".
El impacto, hasta ahora, se ha medido de manera muy pobre: o no se ha medido nada o se han medido las cosas equivocadas

Alejandro Álvarez
Vicepresidente para Europa de la Rockefeller Philanthropy AdvisorsLa manera de medir el impacto de la filantropía también supone, para Álvarez, un punto interesante de debate. "El impacto, hasta ahora, se ha medido de manera muy pobre: o no se ha medido nada o se han medido las cosas equivocadas”, asegura.
Y para ello, pone un ejemplo. "Medir el número de beneficiarios de una ayuda es lo más fácil, pero no es suficiente en cuanto a que no ayuda a medir el impacto sobre la vida de esas personas. Podemos medir cuántas personas se benefician de una iniciativa concreta, pero ¿cómo medimos si les estamos ayudando a acabar con las causas de su situación? Podemos abrir la enésima escuela en Kenia y decir que hay 20 niños que por fin pueden estudiar, pero ¿qué están estudiando? ¿Están aprendiendo de verdad? ¿Están adquiriendo los conocimientos y habilidades que les permitirán tener una vida próspera? La transformación social es mucho más difícil de medir".
Lo anticipábamos al principio: la filantropía, aunque necesaria e incluso aplaudida, no siempre despierta confianza. "A veces se percibe como una actividad un poco sospechosa", reconoce, y "esa desconfianza es terrible, porque limita mucho el impacto que se puede conseguir". Se trata, además, de una sospecha que "asfixia al tercer sector, que está seis meses pidiendo una subvención... y otros seis justificándola en vez de dedicar la mayoría de su tiempo y recursos a resolver los problemas sociales".
En su opinión, "no se trata de dar un cheque en blanco", pero sí de delegar en "las instituciones que trabajan sobre el terreno, que son quienes mejor conocen la situación y quienes mejor pueden resolverla".

Y esto nos lleva a desterrar otro mito: el de que cada céntimo que se da tiene que llegar al beneficiario final, nada puede quedarse por el camino. El experto asegura que se trata de "un mantra que suena razonable, pero que también es muy dañino. ¿Cómo van a gestionar las ONGs el trabajo que hacen si no tienen recursos ni para contratar personal y capacitarlo adecuadamente?".
Como ejemplo, Álvarez pone el de MacKenzie Scott, accionista de Amazon y exmujer de Jeff Bezos, que "desde 2019 ha donado 26.000 millones de dólares, y lo ha hecho de manera muy distinta: investigando, identificando a las organizaciones que mejor trabajan y dándoles una financiación sustancial sin que tengan que hacer un gran reporte a cambio". En su opinión, esa forma de “filantropía de confianza se asemeja más a la filosofía del venture capital que a la filantropía: busca apoyar a los equipos que tienen un modelo de muy alto potencial y los apoyan con recursos financieros y no financieros, dejándoles hacer su trabajo sin dirigir sus actividades en el día a día".
“Nadie puede resolverlo todo solo. Ni siquiera Bill Gates, con sus 200.000 millones de dólares, puede hacerlo”. Así de tajante se muestra Alejandro Álvarez para asegurar que "hay que trabajar con ecosistemas de colaboración. Las mejores intervenciones suelen ser aquellas en las que trabajan, de manera conjunta, las administraciones públicas, las empresas, las ONGs, el mundo académico, la sociedad civil...".
Las mejores intervenciones suelen ser aquellas en las que trabajan, de manera conjunta, las administraciones públicas, las empresas, las ONGs, el mundo académico, la sociedad civil...
Alejandro Álvarez
Vicepresidente para Europa de la Rockefeller Philanthropy AdvisorsY es que "todo el mundo habla de colaborar, pero la colaboración es muy difícil. Muchas veces, la colaboración es 'Ven a ayudarme en mi proyecto', pero no 'Vamos a crear esto juntos'. Es más fácil hacer mi 'proyectito' por mi cuenta y ya está, pero eso no genera el mayor impacto posible".
El vicepresidente para Europa de la Rockefeller Philanthropy Advisors considera, en definitiva, que "un buen proyecto requiere de colaboración entre varios actores, y eso es mucho más complejo, pero también más eficaz a la larga".
En Rockefeller Philanthropy Advisors, por ejemplo, existen los llamados fondos colaborativos, en los que "varias organizaciones se juntan y ponen recursos para atajar un problema concreto: los plásticos en los océanos, la biodiversidad en África, etc.". Y no parece tratarse de un hecho puntual; más bien al contrario, ya que, "en la última década, ha habido una espiral exponencial de fondos colaborativos, porque se ha llegado al reconocimiento de que no podemos solos".
La filantropía tradicional siempre ha buscado un impacto social, es decir, sin retorno económico. Ese tipo de ayuda siempre va a permanecer y es bueno que así sea. Sin embargo, Álvarez propone ir un paso más allá y apostar por la denominada inversión de impacto, un tipo de inversión que "busca un retorno social positivo y medible, pero también recuperar el capital invertido o incluso obtener un beneficio".
¿Y eso por qué? Porque la filantropía e inversión de impacto se complementan y son ambas necesarias. En primer lugar, "la filantropía puede apostar por proyectos sociales en los que, por su riesgo, no invierten las instituciones públicas ni privadas", para generar y testar soluciones de un potencial gran impacto social.
La filantropía es el “capital riesgo social” por excelencia. Pero la filantropía no tiene el volumen y la capacidad de llevar esas soluciones a gran escala. Eso lo pueden hacer o bien las administraciones públicas, o bien los capitales privados. El gran potencial de la inversión de impacto es por ello "poder apoyar a empresas sociales, con modelos de negocios viables, con un volumen de capital que les permita escalar mucho más sus soluciones".

Se trata, en resumidas cuentas, de que una empresa con un marcado carácter social pueda recibir financiación de un fondo de inversión para que su modelo de negocio no solo pueda ser viable, sino que, además, acelere su crecimiento y su expansión, y por ende su impacto.
Para el vicepresidente para Europa de la Rockefeller Philanthropy Advisors, en definitiva, estos son algunos de los principales ingredientes de una práctica más estratégica de la filantropía. Un modelo que pretende evolucionar la filantropía tradicional y enfocarse en intervenciones que desencadenen cambios más profundos para que, entre todos, podamos pasar de ‘ayudar’ a ‘transformar’ la sociedad.


