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Nuevos desafíos profesionales: tres factores clave para decidir con criterio

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María Luisa, una mujer con cáncer de mama, nos demuestra que ninguna cima es inalcanzable
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La vida está llena de desafíos que nos ponen a prueba y nos transforman. Algunos los elegimos, otros llegan de manera inesperada, alterando nuestro rumbo y enseñándonos lecciones que jamás habríamos imaginado. Son esos momentos los que revelan nuestra fuerza, nuestra capacidad de resiliencia y, sobre todo, nuestra humanidad.
La vida de María Luisa Catena, una jienense de 63 años, dio un giro inesperado el pasado diciembre, cuando le diagnosticaron un cáncer de mama en estadio 1. Lejos de dejarse vencer por el miedo o la incertidumbre, decidió plantar cara a la enfermedad desde el primer momento. “Justo cuando me dieron el diagnóstico, pensé: yo podré con él”, recuerda con determinación.
Con una vida activa y llena de energía, María Luisa nunca ha dejado de moverse. Practica yoga, pilates, baila y camina cada día. “El deporte es un pilar fundamental para vencer la enfermedad, porque ayuda a que la mente siga avanzando y te demuestra que sí es posible”, asegura, orgullosa de poder mantener la práctica deportiva y de seguir disfrutando de todo lo que le hace disfrutar.

“La subida a los 2.167 metros del Pico Mágina era un reto mayúsculo, pero me sentí con fuerzas y con ganas de alcanzarlo”, relata con firmeza. El desafío, sin embargo, tenía una dificultad añadida.
María Luisa padece anemia y tiene las defensas bajas. Aun así, lejos de rendirse, encontró la energía necesaria para llegar a la cima. “Lo hice para agradecer la ayuda de todas las mujeres y voluntarios que nos acompañaron”, afirma con emoción, consciente de que cada paso fue también un gesto de gratitud y esperanza.
Entre quienes acompañaron a María Luisa en la subida estaban Paqui Castro y Ana Hinojosa, dos mujeres que han superado el cáncer y que hoy, como voluntarias, dedican parte de su tiempo a ayudar a los demás. Rostros de la solidaridad con los que María Luisa compartió mucho más que unas botas de montaña en ese ascenso.
María Luisa, Paqui y Ana son mujeres que participaron en una de las ocho ascensiones enmarcadas en la iniciativa ‘Por las cimas de Andalucía’, organizada por Voluntariado CaixaBank en colaboración con asociaciones de las ocho provincias andaluzas.
Además de la Asociación Jienense del Cáncer de Mama, también participan en los ascensos Agamama, Málaga Dragon Boat BCS, Dragon Boat BCS Sevilla, Fundación para la Investigación Biomédica de Córdoba, Remama Granada, Proyecto Mariposa, y Cátedra ‘En qué te puedo ayudar-Humanizando el Cáncer’. Todas tienen un objetivo común: concienciar y sensibilizar sobre la importancia de la investigación en cáncer de mama y visibilizar a las mujeres que lo padecen.

Desde la humildad y la discreción de quienes no buscan protagonismo, Paqui y Ana coinciden en resaltar las “indescriptibles” ganas de vivir, la fuerza y la constancia de María Luisa.
“Durante la subida no faltaron los contratiempos, como calambres o el cansancio, pero ella no se quejó ni un instante. Era nuestro espejo y un ejemplo a seguir. Nos transmitía una energía tan especial que nos impulsaba a continuar adelante”, recuerda emocionada la primera.
El ascenso, cuenta María Luisa, es un símil de la lucha y la carrera de fondo que libra contra la enfermedad. “A medida que ascendíamos, veía la luz, no solo para alcanzar la cima, sino también veía que el final de la enfermedad está más cerca”, cuenta con ilusión.
Lo sabe bien Ana, delegada de Voluntariado CaixaBank en Jaén, que destaca la importancia de iniciativas de esta índole. “Cuando estás abajo, antes de empezar a subir, sientes que la cima es inalcanzable. Pero a medida que asciendes y, pese a las dificultades, te das cuenta de que estás avanzando. La clave es no rendirse y perseverar”, comparte Ana, recordando cómo cada paso de la subida refleja la lucha y la esperanza en la batalla contra el cáncer.

“Lo más bonito fue cuando llegamos a la cima y sentí que tocaba el cielo”, comenta María Luisa con la voz entrecortada. “La sensación fue indescriptible. Recuerdo cerrar los ojos y saborear cada instante y los sabores del cielo”.
La atmósfera estaba cargada de emoción y gratitud, convirtiendo el ascenso en un momento clave en su vida. “Ha sido una de las experiencias más bonitas que he tenido”, añade con profunda emoción.
Pero esta emoción no fue exclusiva de María Luisa. Paqui también la vivió intensamente. Consciente de haber alcanzado un reto mayúsculo, pensó en todas las personas que la ayudaron, en su día, a superar el cáncer. “Cuando tuve un instante para mí, recordé también a una amiga que nos arrebató la enfermedad el año pasado”, confiesa emocionada.
Los sentimientos también se agolparon en el interior de Ana. “Cuando llegamos a la cima, y de manera inconsciente, miré hacia abajo y vi todo el camino recorrido. Me vino a la mente todo lo superado y comprendí que sí, que había vencido la enfermedad”, relata con emoción.

Apoyo. Esta es una palabra clave en todo el proceso para vencer al cáncer. “Por suerte, he tenido y tengo un apoyo incondicional de mi familia y mis amigas”, apunta con orgullo María Luisa. La familia y tener una mentalidad positiva te ayudan a superar las adversidades que surgen en el camino, apuntan tanto Ana como Paqui, voces con una experiencia que traspasa barreras.
“La enfermedad cambia la manera en que afrontas la vida. Empiezas a valorar lo que realmente importa, aquello que se esconde en los pequeños momentos y detalles que, a veces, pasan desapercibidos”, apunta Ana. Y en esos matices surge la diferencia, lo que convierte lo común en algo extraordinario. “Cuando terminamos el ascenso, le regalé a María Luisa un coletero hecho a mano”, cuenta Paqui.
Un objeto sencillo, pero lleno de significado. Palabras y gestos que dejan una huella real en la vida de las personas. “Fue un gesto que me llegó al corazón”, comenta María Luisa, destacando la solidaridad de Paqui. Pero este coletero va más allá de lo material. “Lo primero que pensé fue: con este coletero me haré el moño cuando me recupere y tenga pelo”, añade, con la convicción de quien sabe que puede superar cualquier reto.
La solidaridad y la empatía son rasgos que definen a María Luisa, y sus palabras y acciones lo confirman. “Todo esto fue posible gracias a las mujeres y a los voluntarios de CaixaBank que nos acompañaron en el ascenso y, por ello, les estaré siempre agradecida”, comenta con una sonrisa.
Pero la generosidad no solo genera un impacto positivo a quienes reciben ayuda, ya que también transforma a quien la ofrece. “Desde que hago voluntariado, soy mucho más feliz”, confiesa Ana con convicción. Paqui, que colabora con mujeres con cáncer de mama y con niños con capacidades diversas, coincide. “Hacer voluntariado te gratifica y te llena el corazón. Y lo más importante: juntos podemos más”.
María Luisa tiene un mensaje claro para todas las mujeres que se encuentran en su misma posición. “Que no tengan miedo. Cuando sientan que el miedo aparece, que lo transformen en algo bonito, en esperanza y fuerza”, relata con seguridad. “Tener una buena mentalidad y el apoyo de quienes te quieren hará el resto”. Un consejo que resume la esencia de su experiencia, pero también la de Ana y Paqui.

Estas tres mujeres y la iniciativa ‘Por las cimas de Andalucía’ representan solo una de las muchas acciones que CaixaBank impulsa en toda España con motivo de la Campaña de apoyo al cáncer de mama 2025, destinadas a visibilizar la enfermedad y sensibilizar a la sociedad a través de iniciativas solidarias.
La campaña ‘Nos lo tomamos a pecho’, en la que CaixaBank colabora con la Asociación Española Contra el Cáncer de Mama (AECC), promueve entre clientes, empleados y la sociedad en general acciones de visibilización, sensibilización y captación de donativos para apoyar la investigación y el acompañamiento de pacientes y supervivientes de cáncer.
Todo ello para dar voz y poner nombre a muchas María Luisas, Paquis y Anas, ejemplos de valentía y resiliencia y una certeza: incluso en los momentos más difíciles, con compañía, se puede encontrar luz y fortaleza para seguir subiendo.