CaixaBank transforma millones de tarjetas en desuso en mobiliario urbano de localidades atendidas por sus oficinas móviles
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Araceli y Emilia de Paz son hermanas y, a su vez, primas de Felicidad. Las tres esperan a la sombra en una calurosa mañana de verano frente al Ayuntamiento y el Centro de Atención Primaria que hay en plaza principal de la localidad de Serranillos, un pueblo de apenas 250 habitantes de la provincia de Ávila.
Aguardan la llegada de la oficina móvil de CaixaBank, esa sucursal con ruedas que, cada dos semanas, les permite realizar sus operaciones bancarias más habituales, como sacar dinero, poner las cuentas al día o pagar algún recibo. Con su parada, no tienen que depender de que sus hijos o nietos les acerquen a Navarrevisca, el pueblo más cercano con oficina que está a 5 kilómetros.
En las últimas semanas, las tres De Paz celebran una novedad. Pueden esperar la llegada de Marcial Casillas, su gestor habitual, sentadas en un banco mientras se ponen al día de familia, visitas de verano, algún que otro achaque y, siempre, recuerdos compartidos.
La sorpresa llega cuando descubren el origen del banco que ahora les permite que la espera se haga más amena y, siempre importante, dé un descanso. El banco en el que están sentadas es uno de los primeros 40 bancos fabricados con el plástico recuperado de las tarjetas caducadas o en desuso aportadas por los clientes de toda España.
Este mobiliario urbano se está desplegando durante todo el verano en localidades de Ávila donde hacen parada las oficinas móviles y se necesita mobiliario urbano de espera.

Desde 2019, la entidad financiera recupera las tarjetas y les da una segunda vida. Con esta iniciativa, ya ha reciclado 4,6 millones de tarjetas que equivalen a 23 toneladas de plástico.
Además, desde 2024, más de medio millón de clientes han recibido un mensaje en el que se les informa de que sus tarjetas caducadas o sin uso han sido recicladas y tienen una utilidad como ponen de manifiesto Araceli, Emilia y Felicidad, lo que fomenta la sensibilización en la economía circular.
Esta iniciativa permite, además, reutilizar materiales existentes y minimizar la producción de nuevos recursos. CaixaBank ya fue una de las primeras entidades en fabricar sus tarjetas con material 100 % reciclado y, ahora, da una segunda vida a las tarjetas con un fin social.
El proceso puesto en marcha por la entidad financiera, a través de su filial de medios de pago CaixaBank Payments & Consumer, consta de cuatro fases: entrega de tarjetas, triturado, fabricación y seguimiento y comunicación.
Como primer paso, los clientes de CaixaBank entregan sus tarjetas caducadas o sin uso en las oficinas de la entidad financiera. Una vez recopiladas, se mandan a un gestor autorizado de residuos electrónicos que se encarga de leerlas, registrarlas y triturarlas hasta convertirlas en polvo.
El plástico se envía a una empresa española dedicada al diseño y fabricación de iluminación y mobiliario urbano. En este proceso, la compañía separa y extrae los componentes metálicos del polvo, mientras que el plástico reciclado lo introduce en sus líneas de producción, convirtiéndolo en mobiliario urbano como bancos.
Además, gracias a la lectura de las tarjetas, cada cliente que haya depositado la suya en una oficina podrá seguir el proceso en todo momento y, finalmente, recibirá el aviso en su app de CaixaBank cuando su tarjeta haya sido reciclada y reconvertida con éxito en nuevo mobiliario urbano.
Cada paso está certificado y documentado y, con la instalación, CaixaBank dona los bancos a los ayuntamientos de Ávila, primera provincia de Castilla y León con plena inclusión financiera tras el acuerdo de CaixaBank y la Diputación que permitió ampliar el servicio de las oficinas móviles a 227 localidades sin oficina bancaria o con restricciones que limitan el acceso a los servicios financieros. En estas poblaciones residen cerca de 34.000 personas.
El resultado final de esta iniciativa se hace notar en plazas como la de Serranillos. El 70 % de los usuarios atendidos por las oficinas móviles tiene más de 65 años y los bancos, con un diseño recto y apoyabrazos, ayudan a vecinos como Araceli, Emilia y Felicidad a hacer las esperas más cómodas, y a muchos clientes con nombres y apellidos a concienciarse de la importancia de reciclar y a reforzar su compromiso con la economía circular.


