Naturaleza, historia y gastronomía. Estos pueblos con encanto son perfectos para una visita estival
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Si en otro artículo hablábamos de pueblos castellanoleoneses (más uno al norte de Madrid) como opciones perfectas para escapadas con encanto, hoy viajamos un poco más al norte.
La Rioja y Cataluña albergan siete municipios que no solo contienen verdaderas joyas arquitectónicas y paisajísticas dignas de disfrutarse, sino que además están unidas por la red del servicio ofimóvil de CaixaBank, que facilita la inclusión financiera de más de 640.000 personas en todo el país.
¿Te animas a descubrir estos rincones?

Frente a la ganadería nómada, la trashumante, en la que el ganado migra en busca de los mejores pastos, está en serio declive.
La trashumancia, declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO , aún pervive en lugares como Villoslada de Cameros, en plena Sierra de Cebollera.
Pero ¿qué se puede ver y disfrutar en este lugar situado a 50 km de Logroño? Debes saber que cuenta con un patrimonio arquitectónico más que notable, en el que destacan su iglesia parroquial, con un retablo barroco, su ermita del siglo XVIII, la Real Fábrica de Telas o una lápida funeraria romana situada en el Cerro Mojón Alto.
Si te gusta el senderismo, no te puedes perder un paseo para ver las espectaculares Cascadas de Fuente Ra.

Al sur de la comarca leridana del Pallars Jussà, cerca de la frontera con Aragón, se encuentra este precioso pueblecito de 130 habitantes.
La vista panorámica es espectacular, ya que se encuentra en lo alto de un peñasco rocoso, lo que lo convierte en uno de esos lugares dignos de ser inmortalizados por la cámara de fotos.
No puedes perderte la iglesia de Santa María de Llimiana, puro románico del siglo XI, así como la ermita de Sant Andreu, del mismo siglo; aunque está en ruinas, aún conserva su belleza.
Del mismo siglo es la iglesia de San Salvador del Bosque, en un enclave montañoso de difícil acceso que la hace aún más interesante.
Paisajísticamente, Llimiana es un espectáculo: su bosque, las vistas del embalse de Terradets desde la montaña o sobre la cuenca de Tremp son solo algunos de sus rincones de belleza realmente irrepetible.

Hay un territorio que se extiende entre Cataluña, Francia e Italia, donde se habla un bellísimo idioma: el occitano. Vilamòs, en pleno Val d’Aran, en el Pirineo Leridano, forma parte de este territorio. Solo por eso, por escuchar tan pintoresca lengua, ya merece la pena recorrer sus calles.
Hay muchas más razones, sin embargo, para visitarlo: sus casas, construidas al estilo de la arquitectura aranesa, en madera y piedra, pensada para sobrevivir al rigor del frío y de la nieve que los rodea una buena parte del año. Y, por supuesto, su magnífica iglesia de Santa María, la de San Miguel (ambas románicas) o el Ecomusèu Çò de Joanchiquet , donde puedes conocer las tradiciones y el estilo de vida de la zona.

En pleno Pallars Sobirà, Ribera de Cardós ofrece espectaculares paisajes de montaña y rutas para disfrutar del auténtico Pirineo Leridano, entre montañas y el río Noguera de Cardós.
Pasear por Ribera invita a conocer su iglesia románica, los restos de su castillo y, por supuesto, la Cruz del Forat de Cardós, una cruz gótica del siglo XV declarada Bien de Interés Nacional. Y para reponer fuerzas, no te puedes perder un buen trinxat o la olla aranesa, platos típicos de la Cataluña pirenaica.

Con un clima más mediterráneo, en Tarragona encontramos este curioso pueblo en plena comarca del Priorat, conocida por sus vinos con denominación de origen.
En La Vilella Baixa puedes recorrer sus calles y disfrutar de sus peculiares casas altísimas. Construidas sobre el barranco de Escaladei, ofrecen una imagen que recuerda a los rascacielos, motivo por el cual se llama “la Nueva York rural”.
Entre sus calles encontrarás el carrer que no passa (la calle que no pasa), llamada así porque no tiene salida. También un original puente románico que se alza sobre el río Montsant.
Sobre todo, La Vilella Baixa se encuentra rodeada por el Parque Natural de la Sierra de Montsant, por lo que hará las delicias de los senderistas y amantes de la naturaleza.

En el Parque Natural del Montseny, en la comarca de Osona, podemos encontrar El Brull. Para empezar, Montseny es Reserva Natural de la Biosfera, lo que implica que estamos ante un territorio que privilegia su protección y su sostenibilidad, pero en términos prácticos, ante un paisaje digno de recorrer a pie, lleno de contrastes y con una biodiversidad extraordinaria.
En cuanto a los atractivos arquitectónicos de este pueblecito de apenas 300 habitantes, en su casco histórico, además de la impresionante iglesia de Sant Martí del Brull, de estilo románico, hay que visitar el Sanatorio del Brull. Se trata de un antiguo centro médico instalado en el Mas Casademunt, edificación reconstruida en sucesivas rehabilitaciones, pero que es originaria del siglo XIII.
Destacan también las murallas del Montgrós, un vestigio de la población íbera que las erigió con fines defensivos, junto al castillo de Brull, del siglo XII, y el llamado castillo de Sala, una espectacular masía del siglo XIII.

En la comarca del Alt Empordà se encuentra Capmany, una localidad de algo menos de 700 habitantes que, como en el caso de La Vilella Baixa, cuenta con vinos con denominación de origen.
Pasear entre sus viñedos y visitar sus bodegas o su Museu Vi Vent es una de las numerosas opciones que ofrece esta localidad ampurdanesa. También podemos optar por visitar sus monumentos prehistóricos en una espectacular ruta megalítica que apasionará a quienes tengan alma de arqueólogo.
La iglesia de Santa Àgata, del siglo XII, o la ermita de Sant Sebastià, del XVI, forman parte de su patrimonio arquitectónico, así como los baños de la Mercè, declarados bien cultural de interés local.


