Nota de prensa

Esperanza para el bosque mediterráneo

icon_font_reducir
icon_font_aumentar
icon_email
Voluntarios limpiando uno de los bosques de la zona del Mediterráneo

Abandonada y convertida en un vertedero de escombros y basuras. Así se encontraba la parcela cercana al jardín mediterráneo de l’Albarda, en el municipio de Pedreguer, Alicante, que la Fundación Enrique Montoliu, FUNDEM, ha adquirido con el objetivo de reconstruir el paisaje de la zona, dar un refugio a la flora y a la fauna, absorber los gases de efecto invernadero, restaurar el suelo y devolver a la zona el valor ecológico que se merece.

“Ese espacio era antes un antiguo campo de cultivo de cítricos. Los árboles frutales habían muerto y dejado sitio a una gran diversidad de flora”, asegura Ángel Pérez, ambientólogo y encargado del proyecto. “El problema era que una gran parte de estas provenían de los jardines de los chalés colindantes. Ya sea por negligencia, por descuido o ignorancia, se solían tirar los residuos de estos jardines a la parcela, lo que provocó esa infestación de plantas alóctonas”, lamenta.

Otro problema que presentaba la zona es que estaba llena de antiguas tuberías de plástico y se habían vertido diferentes residuos en ella, como escombros, leña, papeles, etc.

El proyecto empezó a fraguarse en 2017. Por aquel entonces, desde la fundación se preguntaban qué podían hacer para acabar de una vez por todas con las especies invasoras y devolver al terreno la calidad necesaria para que se autorregulase.

Tres años después, el proyecto ‘Restauración de un área degradada y conversión en un bosque mediterráneo’, que cuenta con el apoyo de CaixaBank y Fundación Bancaja, ya está en marcha. Aunque se ha avanzado mucho, aún quedan muchas tareas por realizar.

El proyecto de la fundación FUNDEM fue uno de los 13 proyectos medioambientales seleccionados en la ‘II Convocatoria Medioambiental’ por su compromiso con el desarrollo sostenible y la conservación de la naturaleza.

“En 2018 nos propusimos realizar un proyecto más ambicioso para la zona y realizamos trabajos de limpieza y restauración. Los terrenos quedaron mejor preparados para el proyecto actual en el que se hará realidad la creación de un espacio forestal con gran biodiversidad. Esperamos que muy pronto toda la ciudadanía pueda disfrutar de este bosque mediterráneo”, apunta Pérez.

Crear un bosque que puedan disfrutar todos

Además de los trabajos de catalogación de las especies autóctonas que han prosperado en la zona de manera natural, se ha realizado un estudio previo de paisajismo y estructuración del bosque, se ha habilitado un invernadero y una zona para crear nuevas plantas de semilla de manera continua, se ha rodeado el terreno con un vallado temporal para proteger las plantaciones del vandalismo y de la herbivoría, se está instalando el sistema de riego para mejorar la supervivencia de la plantación inicial y se están detallando las campañas de voluntariado para la plantación de árboles.

“La gente de la zona va a participar en un proyecto que servirá para crear un boque que, en un espacio breve de tiempo, van a poder disfrutar con sus familias y esperamos que también puedan disfrutar de él las generaciones futuras”, relata el encargado del proyecto.

Este boque será, según Pérez, una isla de vida silvestre y un oasis para la fauna y la flora local y servirá tanto de refugio como de lugar de paso. “Algo muy importante teniendo en cuenta que puede servir de nexo entre el Parque Natural ‘el Montgó’ y las sierras del interior’.

Pérez remarca lo importante y necesario que es crear espacios naturales de conexión local como este. “Poner en valor la naturaleza autóctona de un lugar es el primer paso para despertar un afán conservacionista y un respeto a la vida que nos llevará a una nueva manera de ver lo que nos rodea, de entenderlo mejor, de quererlo y valorarlo. Se abrirá un camino para un estilo de vida más saludable y respetuoso. Todo empieza con la curiosidad y el conocimiento”.

La pandemia de la COVID-19 también ha trastocado los planes de la fundación, que señala la reducción del número de personas que pueden participar en las acciones y campañas como una de las consecuencias del coronavirus. “Esto nos está complicando las cosas, ya que para tener un mismo resultado se ha de disponer de más tiempo”, explica.

De hecho, según Pérez, han dejado de hacer muchas actividades, como viajes, jornadas de educación, conciertos, charlas… “La única cosa positiva que hemos notado es el cambio de nacionalidad de los visitantes al jardín de l’Albarda. Ahora son más nacionales, incluso locales, lo que nos ha ayudado a que el mensaje de nuestras campañas llegue a los vecinos de la zona, algo muy importante para nosotros, ya que nadie protegerá su entorno como quien vive en él”, concluye.

 

NOTICIAS RELACIONADAS