Nota de prensa

El poder del voluntariado para curar la soledad de los mayores

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Persona mayor que está sola en casa

Una simple visita, unos minutos de compañía, pueden suponer una gran diferencia en el día a día de aquellos que apenas cuentan con nadie más y no pueden evitar sentirse solos. Dedicar el tiempo libre a estas personas que lo necesitan es el motor que mueve a Milagros Vicente, una voluntaria que, a sus 87 años, encuentra en esta forma de solidaridad la manera de continuar con lo que según ella es su verdadera vocación: ayudar a los demás.

El apoyo que ofrece Milagros con su voluntariado es una energía que se mueve en ambas direcciones. Dedicar su tiempo a otros también la ayuda a ella misma a crecer y aprender. Su trabajo como voluntaria le aporta muchísimo porque “salgo de mi, de estar pendiente de mi persona, y pienso en los demás”, reconoce. Una ocupación que, además de enriquecerla y ayudarla a ocupar su tiempo, también la hace “relativizar mi situación porque conociendo a otros das más amor. El voluntariado te hace ver que cada persona tiene algo diferente que dar y eso te aporta experiencias maravillosas”.

Actualmente, más de 4,7 millones de personas viven solas en España y más de la mitad son mayores de 65 años. Los datos ofrecidos por Cruz Roja Española demuestran que la soledad y el aislamiento social son dos de los problemas más importantes a los que se enfrentan los mayores de nuestro país.

Contrarrestar las consecuencias que la soledad puede tener en la salud física y mental de las personas es el objetivo de la asociación con la que colabora Milagros Vicente desde hace 25 años, Nadiesolo Voluntariado. Esta organización realiza programas de acompañamiento en hospitales, residencias y domicilios a personas mayores, pero también organiza actividades de ocio para personas con discapacidad intelectual, colectivos sin hogar y jóvenes en riesgo de exclusión social.

Más de 25 años sin dejar a nadie solo

El trabajo de la asociación ha crecido desde su fundación hace 25 años y actualmente cuenta con 2.200 voluntarios que acompañan a más de 73.000 personas en la Comunidad de Madrid, Castilla y León (Segovia), La Rioja (Logroño) y Castilla La Mancha (Guadalajara).

La pandemia les ha obligado a transformar y adaptar su modelo de voluntariado a las condiciones y restricciones relacionadas con la pandemia, pero, a pesar de las dificultades, no han parado su trabajo en ningún momento.

Según Violeta Jaraquemada, responsable de comunicación de la Nadiesolo, “nuestra misión sigue siendo que nadie esté solo y las personas que sufren son ahora aún más vulnerables en el entorno de crisis sanitaria, miedo, distanciamiento y aislamiento que estamos viviendo”.

Su respuesta ante esta situación ha sido la promoción del proyecto #TodosContraLaSoledad, una campaña que cuenta con el apoyo de la Convocatoria social de CaixaBank  y Fundación Montemadrid y tiene un doble objetivo: paliar la soledad no deseada que sufren las personas mayores y sensibilizar a la población sobre el valor del voluntariado de acompañamiento para combatir los efectos que la soledad provoca en las personas que más lo necesitan.

Las consecuencias de la pandemia han sido especialmente duras para las personas de más de edadno solo por razones sanitarias. Según su experiencia, Milagros Vicente confiesa que a los mayores la pandemia “les está afectando bastante. La soledad de estar metidos en casa les afecta psicológicamente, se sienten más solos, tienen miedo, están tristes y están todo el día pensando en lo que les puede pasar si se contagian de este bicho”.

El aislamiento social derivado de las precauciones necesarias por razones sanitarias de la COVID-19 también tiene consecuencias físicas en los mayores, quienes ven reducida su movilidad, las afecciones se incrementan y vuelven a aparecer dolores musculares o articulares. Las condiciones actuales han hecho del trabajo de Milagros Vicente algo casi indispensable, ya que como ella misma advierte “no tenemos contacto físico y eso nos hace falta a todos. El teléfono los acompaña, pero es necesario vernos, estar juntos”.

Cuando la cercanía física ha sido una opción segura, Nadiesolo ha continuado con su trabajo de manera presencial, adoptando todos los protocolos necesarios para asegurar la seguridad de los voluntarios y las personas acompañadas. Pero cuando las restricciones de movilidad y medidas de distanciamiento social se han endurecido, Nadiesolo ha seguido acompañando a esos mayores de otros modos, por teléfono o videoconferencia, enviándoles cartas y dibujos, identificando y buscando respuestas a sus nuevas necesidades como el acceso a comida o medicamentos y facilitando el contacto con el exterior. Gracias a los medios digitales los voluntarios han conseguido franquear las barreras que suponen las restricciones sanitarias para seguir con su objetivo de ofrecer alivio y compañía a aquellos que lo soliciten.

 

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